La Copa del Mundo de 1982 fue para el gobierno de facto encabezado por Leopoldo Fortunato Galtieri un símbolo más a la hora de distraer a la población que definitivamente creía estar ganando la guerra.
El "Diario de Yrigoyen" funcionaba a la perfección tierra adentro, pero la realidad no se escondía afuera. Jorge Valdano, integrante del seleccionado dirigido por César Luis Menotti, recordó: "Salimos de la Argentina convencidos de que la guerra estaba ganada. Cuando el avión hizo escala en Brasil nos dimos cuenta de que la guerra estaba perdida".
Argentina, sin embargo, compitió en la cita mundialista que comenzó con derrota por 1-0 ante Bélgica el 13 de junio de 1982. Apenas 48 horas después, tras el hundimiento del Crucero General Belgrano, la bandera británica flameaba en las Islas...
José María Muñóz, quien había sido relator del proceso, no mencionaba al equipo de Inglaterra cuando relataba sus partidos, sino que lo llamaba "el equipo de la camiseta roja" o "los piratas".
Cuatro años antes, mientras Argentina jugaba en el Monumental el Mundial de 1978, a metros de la ESMA, el mismo personaje decía: "Vayan a demostrarle a estos señores de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos cuál es la verdadera cara de la Argentina".
En España, la Selección pasaba la primera ronda tras superar a Hungría y El Salvador y en segunda fase uno de los posibles rivales del equipo nacional podía ser Inglaterra: sólo el destino quiso que la Argentina, que tenía entre sus filas a Diego Maradona, quedara eliminada al caer con Italia y Brasil, pese a la incentivación económica que desde el proceso habían programado para continuar en competencia.
La pelota, también en Malvinas
En las Islas, entre los 150 soldados que vieron por televisión el partido Argentina-Hungría de la primera fase estaba Omar de Felippe, ex jugador y actual técnico, quien contó: "Antes de que llegaran los ingleses, la mayor parte del tiempo nos mandaban a hacer pozos para que no pensáramos en nuestras familias, y no entramos a las Islas hasta el 1º de mayo cuando cayó la primer bomba. Eran las 4:40 de la madrugada y tratamos de levantarnos, pero todo cambió después de esa bomba. Ahí empezó la guerra".
Sus recuerdos son traumáticos: "No sé si maté a alguien. Un día me pidieron que disparara donde nos estaban atacando los ingleses y de repente no dispararon más..."
Fueron 74 días hasta el momento de la rendición: "Fue muy traumático ese día. Caminamos un montón de kilómetros hasta Puerto Argentino. Sentí un poco de alivio de que haya terminado y de que no muriera más gente, pero también bronca al entregar las armas. Lloré mucho".
De Felippe asegura que "fue un orgullo participar en esa guerra". Le pide a la gente "que nunca se olvide de que alguna vez intentamos recuperar lo que es nuestro".
Y, aunque en un tiempo prefirió no hablar de lo ocurrido, volvió para contarlo: "Estaba cansado de que no le dieran atención a la gente de Malvinas pero alguien me hizo dar cuenta de que seguir hablando evita el olvido. Eses es mi pequeño homenaje para los que no están. Para los que se quedaron allá".
Gustavo de Luca y Luis Escobedo también pasaron de entrenarse con sus equipos a calzarse los fusiles en menos de 24 horas. "Había terminado de jugar para Los Andes un partido previo a lo que iba a ser mi debut en Primera, y me enteré que tenía que ir a las Islas. Me presenté y al día siguiente ya estaba allá. No pude ni avisarles a mis viejos", contó el último.
El 2 de julio de 1982 la derrota con Brasil devolvió a los de Menotti a casa. En el medio, 649 soldados argentinos habían sido mandados a morir.