Su calvario comenzó en 1979, cuando fue acusado de ser miembro de la lucha contra el régimen del Partido Islámico Dawa, fundado por Mohammed Baqir al-Sadr, y se vio obligado a huir.
Con sólo una alfombra vieja que usaba de cobertor, unos cuantos utensilios de cocina, una radio y un ejemplar del Corán, Jawad al-Shammari se escondió en el pequeño espacio, que mide tan sólo medio metro de ancho por dos metros de longitud.
Recién ahora, a 5 años de la muerte del líder iraquí, el hombre se animó a mostrar al mundo el lugar donde vivió, y la radio que usó como único contacto con el exterior.
Después de haber vivido con su madre alrededor de un año pasando de un lugar a otro, al-Shammari cavó un hoyo en el suelo cerca de la casa de la familia, espacio que no podría haber adivinado que se convertiría en su hogar por más de dos décadas.
Cuando su hermano fue condenado a muerte por el régimen y ejecutado, no pudo asistir al funeral.
Y cuando su madre cayó enferma, no podía llevarle comida y agua, y él temía que sin duda iba a morir, y el agujero sórdido se convertiría en su tumba sin nombre.
Las condiciones en el pequeño espacio estaban tan mal que su salud se deterioró rápidamente y, después de unos años, todos sus dientes se habían caído.
No fue sino hasta 2003, después de la invasión dirigida por EEUU, que finalmente fue capaz de salir de la bodega para su propio bien.
Pero su calvario no terminó ahí, ya que a, pesar de que la nueva administración iraquí brinda ayuda a los presos políticos y trata de conseguirles un nuevo trabajo, al-Shammari no califica, debido a que técnicamente su encarcelamiento fue por propia elección, y no hay pruebas, además de la palabra de su madre, de otras personas que conozcan su historia.