Siria: una "primavera árabe" parecida y diferente

La rebelión que contagió a varios países de la región también tiene en jaque al régimen de Al Assad. Sin embargo, factores internos y externos condicionan el pronóstico sobre la evolución de este proceso

En los últimos 15 meses el mundo árabe en general y la zona del Magreb-Medio Oriente en particular se han visto sacudidos por un conjunto de revueltas populares que buscan desplazar regímenes autoritarios. Comenzando en Túnez, el sendero de pólvora siguió hacia Egipto, Libia y, desde hace meses, tiene su epicentro en Siria.

Si uno se guiase por las estadísticas, las posibilidades del régimen del Al Assad de continuar en el poder a mediano plazo distan de ser promisorias. No sólo por la matanza que se está llevando a cabo, estimada ya en cerca de 10 mil muertes por las Naciones Unidas, sino por los colapsos que han padecido tanto en Túnez como en Egipto, Libia y, en cierta medida, en Yemen, los regímenes autoritarios laicos vis a vis la capacidad de adaptación y supervivencia de las monarquías, caso de Marruecos y Jordania. Ni qué decir de las del Golfo Pérsico, como Arabia Saudita, Qatar y otras. En todo caso, estas últimas monarquías teocráticas han tenido y tienen un rol diplomático, financiero y militar activo en la asistencia a las revoluciones en países como Libia y ahora Siria.

Este pronóstico reservado para Al Assad y su régimen es considerado incluso por organizaciones que tuvieron una estrecha alianza con el régimen sirio: es el caso del grupo palestino Hamas y del libanés Hezbollah. Ambos han tomado prudente distancia pública del gobierno sirio y el propio Hamas ha decidido levantar su cuartel general en Damasco y trasladarlo posiblemente a Qatar u otro país.

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La doble opresión del régimen de Al Assad no sólo reside en la dictadura montada por su padre por medio de un golpe de Estado en 1970 sino en el hecho que los Assad y su elite gobernante y militar pertenecen básicamente a la minoría alawita que representa poco más del 10% de la población en contraste con la absoluta mayoría sunnita que representa el principal grupo religioso en el lslam, salvo en algunos países como Irán e Irak.

Esta doble opresión diferencia el caso sirio del de Libia y Egipto en donde los sunitas son y serán mayoría antes y después de las revoluciones.

Con respecto a la intervención externa en el conflicto sirio, también hay diferencias con los otros casos en la región. Tanto con aquellos en los que hubo intervención directa y militar de los EEUU, aliados de la OTAN y Qatar, caso de la guerra civil en Libia, como con procesos que se jugaron sólo a nivel nacional y sin acciones armadas externas, al modo de Egipto.

Por el momento, fuentes académicas y de prensa hacen referencia a asistencia logística, en armas e instructores, a la insurgencia siria por parte de Arabia Saudita, Qatar, Turquía y el Reino Unido. Los EEUU mantienen una fuerte presión diplomática y de sanciones contra Siria pero no se muestran interesados en una acción armada en gran escala.

Cabe recordar que la administración Obama fue por demás minimalista y prudente (pero no por eso menos contundente) en su papel en los ataques aéreos y misilísticos sobre el régimen de Khadafi en Libia, dejando el rol más activo y visible a Francia y al Reino Unido. En este sentido, la reticencia de Washington es aun más clara en Siria, dadas las armas químicas y biológicas en los arsenales de Al Assad, la existencia de una resistencia que no parece haber hecho pie de manera militar organizada, las fuertes defensas aéreas de origen ruso de los sirios y la sensibilidad estratégica del territorio sirio para países clave como Rusia, Turquía, Irán e Israel.

A favor de Al Assad, si bien eso no impediría su colapso más temprano que tarde, juega el hecho que tanto los EEUU como Israel lo ven como un enemigo más previsible que el que podría representar una Siria en guerra civil abierta y el ascenso de un gobierno supuestamente de matriz islámica.

La tentación que representa ver y ayudar a caer al único aliado relevante de Irán, Hezbollah y Hamas, como los es la Siria de Al Assad, es grande pero la incertidumbre sobre el día después parece ser aun mayor. Todo lo cual convive con los tambores de guerra que suenen en Israel, y en mucho menor medida en EEUU, sobre el programa nuclear iraní. Pero eso es ya es tema de otro artículo, o mejor dicho del que ya publicamos hace unos días en este medio.

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