Los guapos de verdad piden la bola, juegan y ganan títulos

Muchos jugadores de equipos grandes confunden en la actualidad guapeza con violencia tonta y desmedida. Guapos eran Maradona, Bochini, Batistuta, Crespo, Alonso, Francescoli y son Messi, Xavi, Iniesta, Fábregas, Verón o Riquelme...

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Ahora el uruguayo Carlos Bueno se hace el malo y afirma que se la tenía jurada a Insaurralde. Gabriel Méndez casi lo corta en dos a Franco Sosa, Camoranesi es un "fajador" reincidente, el "Chori Domínguez está pasado de revoluciones y en los partidos cada vez se ven más jugadores confundiendo violencia excesiva con guapeza.



Lo que deben entender los protagonistas es que los guapos se hacen marcando y jugando con algo hermoso y redondo que pesa entre 410 y 450 gramos y mide entre 68 y 70 centímetros. Y así ganan partidos y campeonatos... No hace falta ir hasta España para poner como ejemplo eterno al incomparable Barcelona en el que Messi, Xavi, Iniesta o Cesc "cuando queman las papas",  la piden, no se esconden e inflan el pecho para levantar una copa detrás de la otra.


Tampoco se le puede pedir a un marcador central que quede "limpio" todo un torneo. Por eso Bianchi "borró" a Crosa de Boca, porque no le sacaban amarillas. El tema pasa por este nerviosismo y esta tendencia a mostrarse como guapos y tribuneros en "lo que digo" y en "lo que hago" de manera incorrecta. Obvio que al más bueno se le puede escapar alguna. Maradona fue de lo más guapo que hubo. Se lo veía durante el himno y se decía " con éste no podemos perder".

Pero perdió la brújula en el 82 frente a Brasil y meses después en la final de la Copa del Rey ante el Bilbao. Pero jugó siempre y nunca se borró.  Los Riquelme, Alonso, Bochini, Kempes, Verón, Francescoli, Palermo, Crespo, Bati y tantos más (más allá de los gustos personales y de algún desliz puedan haber tenido en toda una carrera), no necesitaron pegar arteramente, apelar a las malas artes, declarar que a tal o cual jugador le tenían ganas o cosas semejantes.



Y ninguno fue o es un santo dentro de la cancha. Todos se saben y supieron cuidar. Pero -por ejemplo- el Bocha guardaba sus goles para los clásicos y las finales, llenó las canchas de pases milimétricos e hizo figuras a centrodelanteros que no hubieran existido sin él. 

En el fútbol hay que saber manejar la presión, los resultados en contra, los problemas de vestuario (existen en todos lados, en los campeones y en lo que descienden), a los hinchas, un estadio repleto, la hinchada rival y a los 11 que están enfrente. Y no se hace como lo vienen realizando Bueno, Camoranesi o el Chori. Ni hablar de los malos ejemplos que llegan desde los bancos de suplentes y las dirigencias. Eso del fútbol es para vivos que declaró Crespi al incorporar a Silva en este Clausura. ¿Para qué? Con el silencio hubiera sido más efectivo. 

Tigre o All Boys (básicamente la temporada pasada) luchan por no descender sin malas artes, con lo suyo, conscientes de sus limitaciones, lo mismo que Belgrano, Rafaela, Olimpo y San Martín de San Juan. A los bidones hay que ponerles agua, o "Gatorei, señorita". 

Pero de golpe aparece un presidente como Abdo en una manga al mejor estilo Griguol arengando a los jugadores en una salida, o Passarella manejándole el grupo al débil Jota Jota y armando un patético equipo para el partido de ida en Córdoba frente a Belgrano. Está claro que las reacciones en las fechas 14 y 15 de Almeyda ante Boca y Carrizo ante San Lorenzo tuvieron un porqué. Y que River no tuvo a un ganador dentro de la cancha que lo saque del lugar que lamentablemente hoy ocupa. Sólo Lamela se atrevía a pedir la pelota. Ferrari, que en el Apertura se abría por derecha, en el Clausura se cerraba por el medio. 

Mérito al Boca campeón de Falcioni (hasta que en el verano algo le pasó al DT), que con armas nobles, le sacó 12 puntos al segundo, abrió los partidos y tuvo a todos sus jugadores como ganadores dentro de la cancha. Ninguno se achicó, ni sintió peso con esa camiseta. Orión no es el que le arruinó una Libertadores a San Lorenzo. Por algo será. 

Simple. Hay que entender que los guapos son los que con la pelota y sin ella entienden cómo se juega al fútbol y con las posibilidades que les da un reglamento lo cumplen dentro de la cancha, lugar donde no tienen miedo de hacer y cumplir con lo suyo. Jugar y ganar de distintas formas. Ah, y son los mismos que entienden que fuera de los campos de juego, hay una sociedad con normas éticas y de convivencia que se deben cumplir permanentemente. 

Esos son los verdaderos guapos del fútbol. 

Gonzalo Mozes