Ahora Daniel Alberto Passarella se verá las caras con viejos conocidos codiciosos ex jugadores, devenidos a dirigentes ambiciosos de llenar sus bolsillos de oro y acumular poder; como por ejemplo Michel Platini, próximo presidente de la FIFA, quien en un momento, antes de que "lo tome Blatter" había sonado como un soplo de aire fresco en el fútbol mundial.
Igualmente los premios para los dirigentes en el fútbol argentino están más que claros, lo mismo que sus funciones: arruinar el espectáculo, que no salgan más jugadores, que los representantes se apoderen de ellos mientras usan pañales, la gran cantidad de testaferros, las cuentas en el exterior, los vueltos, las dudas con el famoso 15 por ciento, dejar a los clubes con cuantiosas deudas y en convocatoria, que a Erik Lamela un holandés lo venda más caro que River, que denuncien a Meiszner, que se sospeche siempre, que todos se quieran perpetuar en sus respectivos sillones, que hagan todo por amor al arte y le dediquen a sus clubes 15 horas por día y no puedan seguir con sus trabajos, que no sean coherentes con las compras y más y más y más…
Terrible, pero con esto se puede llegar a la FIFA y cobrar 10 mil euros por mes.
Gonzalo Mozes.