La vuelta de Francesc Fábregas a Barcelona generó una enorme expectativa en la Ciudad Condal. Aunque en su momento dio un portazo y antes de debutar con la camiseta azulgrana prefirió llevar su fútbol al Arsenal, Cesc siempre fue considerado un hijo dilecto del club, que se gastó un dineral en repatriarlo. ¿La razón? Su calidad futbolística que –consideran– representa el ADN del futbol blaugrana y los gratísimos recuerdos de la generación del 87.
En esa categoría, Fábregas coincidió y deslumbró junto a Lionel Messi y Gerard Piqué: en la etapa de cadetes, los tres futbolistas (y otros compañeros que se quedaron en el camino) habían tenido un feeling excepcional en el campo de juego. Y volver a juntarlos en Primera con la camiseta del Barcelona siempre fue un sueño "culé".
El operativo fue lento pero efectivo: en 2008, Barcelona pagó 5 millones de dólares al Manchester United para recuperar a Piqué, que había sido cedido con opción de recompra (también pasó por Zaragoza). Y este año se hizo oficial el esperado retorno de Cesc, que llegó para ponerle la guinda a un postre delicioso que siempre tuvo a Messi como ingrediente fundamental.
Sin embargo, el sueño por ahora es real de la línea de cal hacia afuera o en los entrenamientos. Es que, tras casi tres meses de competición, la 'generación del 87 coincidió apenas 27 minutos sobre el césped: 8 en la vuelta de la Supercopa de España en el Camp Nou (dos goles de Messi) y 19 minutos ante Atlético de Madrid, en un 5-0 con hat-trick de Lionel.
El deseo aumenta porque los antecedentes son brillantes; por eso, los medios catalanes publicaron hoy la foto con la ficha de los tres futbolistas en cuestión y recordaron la historia brevemente. Por ahora esperan y desesperan...