Lo que sería el domingo la última carrera de una temporada en el Autódromo de Las Vegas se convirtió en cambio en un guión para un desastre: una espantosa colisión de 15 carros que causó la muerte del popular piloto Dan Wheldon, dos veces ganador de las 500 de Indianápolis, y enfrentó a la conmovida comunidad del automovilismo deportivo con interrogantes incómodas.
Incluso antes del comienzo de la temporada, los pilotos sabían que la carrera en Las Vegas conllevaría desafíos, sobre todo considerando las altas velocidades de la prueba. El accidente del domingo ocurrió cuando los pilotos iban a más de 354 kilómetros por hora. Pero confluyeron otras situaciones: un atestado circuito oval de inclinaciones pronunciadas con el mayor número de participantes de la temporada y con pilotos inexpertos o impacientes a grandes velocidades cerraron el espacio para cualquier error.
Los relucientes bólidos con llantas descubiertas de la serie Indy Car no habían corrido en la pista desde el 2000, y la ahora desaparecida serie Champ Car estuvo allí por última vez en el 2005. Algunos de los pilotos habían corrido allí antes, pero muchos no. Ninguno había competido en una prueba de la categoría en esa pista desde que fue reconfigurada en el 2006 para incorporarle una "inclinación progresiva" a fin de aumentar la competencia codo a codo.
Entonces, surgió cierta mortificación inicial cuando el presidente de la Indy Car, Randy Bernard, anunció un premio de cinco millones de dólares al ganador de la carrera. El empresario, que lleva dos años al frente de esa serie, buscaba atraer la participación de uno o dos superastros del circuito de la NASCAR conocido por su dura competitividad, entre los que pudiera estar el colombiano Juan Pablo Montoya, que ha ganado las 500 de Indianápolis. Pero ninguno se registró, aunque había interés en el piloto Kasey Kahne, el astro Travis Pastrana de X-Games y el ex campeón de la CART Alex Zanardi.
Kahne dijo el lunes que el propietario de su equipo, Rick Hendrick, se opuso a su participación, y éste lo confirmó. Su falta de experiencia de Hendrick en la Indy Car hacía casi imposible que ganase. "El lado positivo es ganar esa gran bolsa, pero no es realista creer que puedes ir y vencer a los pilotos que corren siempre la serie", comentó.
Así las cosas, Wheldon -ganador de 14 carreras en pistas ovales en la Indy Car, incluyendo las 500 de Indianápolis en mayo- resultó el único con posibilidades de llevarse el premio de los cinco millones de dólares. Bernard tomó esa decisión porque el inglés, de 33 años, perdió su empleo al final de la temporada anterior, consiguió un acuerdo por una carrera en la Indy 500 y había rechazado ofrecimientos de equipos menos competitivos.
Wheldon logró un acuerdo con el equipo Sam Schmidt Motorsports para correr hace dos semanas en Kentucky y para buscar el premio del domingo. "Quiso hacerlo en el peor día", estimó Bernard en declaraciones emotivas el lunes.
Otros muchos pilotos también querían participar. Debido a que la IndyCar está en el último año de correr con su actual diseño de carros, los equipos tenían inventarios prescindibles. Eso llevó a la participación de 34 bólidos. Esa cantidad es un carro más que en la Indy 500, cinco más que en la carrera de hace dos semanas en Kentucky y ocho más que la IndyCar de Japón el mes pasado.
Los pilotos eran su mayoría hombres y mujeres sin mucha experiencia en el máximo nivel de la IndyCar. Era la cuarta participación de Wade Cunningham, quien estaba en plena acción cuando ocurrió el accidente. Era la tercera de Pippa Mann y la 20ma de JR Hildebrand, quienes pasaron la noche del domingo en un hospital de Las Vegas por las lesiones que sufrieron en el choque. Al menos seis ino tenían suficientes carreras que les permitiera completar toda una temporada, y algunos de los veteranos habían competido únicamente en unas cuantas veces en esta temporada.
El médico Michael Murphy, del servicio forense en el condado de Clark, dijo que Wheldon murió de lesiones en la cabeza el domingo en el hospital de Las Vegas al que fue llevado después del choque.