El atentado a las Torres Gemelas también marcó el fin de una era en lo económico para los EEUU. Fue el golpe de gracia a la burbuja de las empresas puntocom que le había permitido al país crecer al 5% en 2000 con casi pleno empleo.
Los EEUU y el mundo ya se estaban desacelerando en 2001. La expansión de la economía global fue de 1,4%, una baja muy considerable respecto al 4% del año anterior.
Un mes antes del ataque el desempleo había subido al 4,9% contra el 3,9% de fin de 2000. Después del atentado, el desplome de la economía fue inmediato, por el pánico generalizado. La producción industrial cayó 1,1% en septiembre. El desempleo trepó a 5,4% y el PBI se contrajo 1% en octubre contra el mismo mes del año anterior.
La Bolsa de Nueva York reabrió el 17 de septiembre -la suspensión de la operatoria bursátil más larga desde la Depresión- y no alcanzaron los US$ 300.000 millones de liquidez que inyectó la Reserva Federal (Fed) y los sucesivos recortes en las tasas de interés para que el consumo no se desplomara.
Pero el golpe de los terroristas fue en pleno Wall Street, una estocada directa al corazón del sistema financiero. El índice Dow Jones perdió 7% en su primer día operaciones. Lo mismo sucedió con el Nasdaq y el S&P 500. Las pérdidas de ganancias de las compañías se estimaron entre US$ 11.000 y US$ 14.000 millones.
Por todo este shock tan masivo, los pronósticos de recesión se multiplicaron y las empresas buscaron adelantarse a lo que se venía. Se inició una ola de despidos que parecía no tener fin. Unas 583.000 personas se quedaron sin trabajo por los atentados del 11-9 en todo el país, según datos del Departamento de Trabajo. Unos 130.000 despidos se produjeron en Nueva York (70.000 en el sector financiero), por lejos la ciudad más castigada económicamente.
En la Gran Manzana se perdieron US$ 2.000 millones en recaudación de impuestos y US$ 27.300 millones del PBI de la ciudad en los últimos tres meses de 2001, según un informe del New York City Comptroller, que funciona como un auditor independiente de las cuentas públicas.
En 2002, el Real Estate Board of New York estimó en U$S 10.000 millones el costo de la reconstrucción del World Trade Center. Diez años después esa cifra trepó al doble.
Unos 18.000 comercios y pequeñas empresas cerraron o fueron destruidos. Las compañías de seguros y las aerolíneas fueron las más castigadas. US Airways, una de las más grandes del país, se presentó en convocatoria de acreedores.
Según una investigación de Bryan Roberts, economista del Departamento de Seguridad de los EEUU, el PBI del país perdió de crecer 0,5 por ciento por el ataque terrorista.
Para América Latina y los países emergentes tampoco fueron buenos tiempos. El freno en el motor económico del mundo se sumaba a la devaluación abrupta del real que había tenido lugar un tiempo antes, en 1998, y a la recesión de los años siguientes en la región. Entre 2001 y 2002 se encadenaron crisis políticas y económicas en Argentina, Uruguay, Brasil y Turquía.
La recuperación y sus consecuencias
Se creía que se avecinaba lo peor, pero no fue tan así. A pesar de todo, la economía estadounidense cerró 2001 en positivo y creció 0,3 por ciento. La recesión en los EEUU (-2,6% de contracción) recién reapareció en 2009 tras la crisis financiera mundial que puso en jaque a los grandes bancos del mundo. Para mediados de octubre del propio año 2001, el Dow Jones ya había recuperado todo lo perdido en el mes trágico.
La Casa Blanca y la alcaldía de Nueva York recurrieron a sus fondos para reactivar la economía ante el masivo retiro de la inversión privada. Se lanzó un plan de reconstrucción de edificios públicos (el daño total fue estimado en US$ 21.600 millones) y subsidios para Pymes y comerciantes afectados directa e indirectamente por el ataque. El gasto público creció 10,2% en el último trimestre de 2001.
Para Rob Vos, economista holandés, director del departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, esta medida fue clave. "El mayor gasto público benefició a las exportaciones e impulsó al consumo privado. El aspecto negativo de esto fue que se creció más por el consumo que por mayor inversión productiva, que genera empleo a largo plazo", le dijo a Infobae América.
Otro efecto colateral de esta estrategia fue la burbuja inmobiliaria. El titular de la Fed, Alan Greenspan, mantuvo bajas las tasas de interés por tiempo prolongado. Las entidades financieras, muy líquidas, prestaron dinero sin tomar las debidas precauciones. Muchos consumidores accedieron a viviendas muy caras que luego no pudieron terminar pagar. Así se dio el puntapié inicial de la crisis de hipotecas basura de 2008-2009.
La guerra declarada al terrorismo por George W. Bush también fue parte del envión para la economía con fondos públicos. El gasto militar pasó de US$ 297.000 millones en 2001 a US$ 700.000 millones en 2011. Un crecimiento de 9% por año en el presupuesto para costear las incursiones bélicas en Afganistán e Irak.
Aunque no hay cifra oficial definitiva, el gasto público acumulado en las dos guerras ya es de US$ 1,5 billón. El premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, junto con Linda Bilmes, estimó el costo en entre 3 y 5 billones de dólares en su libro La guerra de los 3 billones. Sea cual fuere la cifra final de las incursiones bélicas en Medio Oriente, lo cierto es que semejante movimiento de dinero revivió la actividad pero castigó el balance de las cuentas públicas.
El ex presidente Bill Clinton había dejado un histórico superávit fiscal de US$ 128.200 millones. Este año se espera que el rojo sea de entre 1,3 y 1,5 billón dólares.
El monto de la deuda de los EEUU pasó de US$ 862.000 millones en 2001 a US$1,4 billón luego de dos años de los conflictos bélicos, a US$ 8,8 billones en 2006 y a US$ 13,9 billones en 2011.
La clase política comenzó a preocuparse por esta variable, que puso al país en el riesgo de caer en cesación de pagos.
El otro fundamento económico que todavía preocupa es el desempleo. A los dos años del 11-9, la tasa de desocupación llegaba a 6 por ciento. Entre 2005 y 2007 volvió a los niveles normales de entre 4 y 5 por ciento. La crisis financiera por las hipotecas basura terminó siendo más nociva que el ataque terrorista. En octubre de 2009 el desempleo llegó a la cifra récord de 10,1 por ciento.
El renovado temor a una recesión mundial y a un default europeo frena las contrataciones de las empresas y el desempleo no logra perforar el piso de 9 por ciento.
El economista y analista internacional argentino, Raúl Ochoa, coincide en que el daño del atentado terrorista fue limitado y temporal. "Los hechos destructivos generan un ánimo de reconstrucción solidario y se sale rápido de la caída. El impacto de la crisis financiera es más solapado, se extiende más en el tiempo y termina siendo peor", explicó ante la consulta de Infobae América.
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