"Esta es una tormenta que ha cobrado vidas", admitió el mandatario, en un breve discurso emitido horas después del paso de Irene por Nueva York y las zonas aledañas. Aunque el número de muertes es aún difuso, varios medios de ese país cifraron la cantidad en 19. "La tormenta sigue siendo peligrosa", añadió al señalar que sigue el curso hacia el norte.
Irene tocó tierra en los Estados Unidos como un huracán de categoría. Sin embargo, antes de llegar a Nueva York perdió fuerza y se convirtió en una tormenta tropical.
Obama insistió en que "muchos estadounidenses están en severo riesgo" y destacó que los próximos días serán de extremo cuidado. "Muchos ríos se pueden desbordar", alertó.
El presidente pidió a los ciudadanos que sigan las recomendaciones de las autoridades locales y reconoció que "el impacto de la tormenta se sentirá por un tiempo". Dijo que probablemente las tareas de recuperación lleven semanas y pidió a los gobiernos locales que no duden en dirigirse a la Casa Blanca para pedir ayuda.
Obama, quien aseguró que seguirá el desarrollo de Irene junto a un equipo de técnicos para estar al tanto de los detalles, agradeció a todas las autoridades y entidades privadas que colaboraron con la prevención. "Este ha sido un esfuerzo ejemplar de colaboración para evitar mayores daños", dijo. El presidente compareció ante la prensa acompañado de la secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, y Craig Fugate, el director de FEMA, el organismo encargado de responder a los desastres naturales en el país.