Once años pasaron del histórico anuncio de US$ 236.200 millones de superávit en el balance de las cuentas estatales de la Casa Blanca. La cifra superó el récord de 1999 de US$ 122.700 millones. Coronó así tres años seguidos de holgura fiscal, lujo que un presidente estadounidense no se daba desde 1949.
Además de anunciarse el registro más alto, también se informó que los EEUU habían hecho el pago de deuda más grande que se recuerde: US$ 223 mil millones.
La información corrió por cuenta del presidente saliente, Bill Clinton, a menos de seis meses de terminar su segundo mandato en un clima económico que desbordaba optimismo.
"La clave de la disciplina fiscal es mantenerla en el tiempo", declaró en su momento el líder demócrata. "Esto implica menos tasas de interés para hipotecas, para préstamos y conlleva a más inversión y más empleos".
Muchos líderes y analistas añoran hoy esos años. Barack Obama probablemente cierre este año fiscal -el próximo comienza el 1 de octubre- con casi US$ 1,5 billones de rojo en las cuentas públicas.
¿Cómo lo hizo Bill Clinton?
Sus primeros años no fueron fáciles y entre 1994 y 1998 el déficit fiscal fue de un total de US$ 600 mil millones. Apenas acomodado en la Casa Blanca, lanzó un aumento de impuestos para los más ricos y anunció un recorte de gastos en varias áreas. En paralelo, destinó fondos para estimular la economía, especialmente las Pymes.
Dos situaciones le jugaron a favor. El boom de Internet y la creación de innumerables compañías puntocom que generaron grandes ganancias a los mercados financieros y subas salariales generalizadas que, en consecuencia, sumaron una mayor recaudación de impuestos para las arcas públicas.
En 2000, el año del récord de superávit fiscal, la economía estadounidense creció al 6%, había pleno empleo (esto es una tasa de desempleo de 3% o menos) y las empresas pagaron US$ 90 mil millones en impuesto a las ganancias.
Por otro lado, Clinton no heredó ni tuvo que enfrentar un conflicto bélico por mucho tiempo. En 1993, se involucró en la guerra entre tribus de Somalia y dos años después las tropas estadounidenses frenaron el baño de sangre en la ex Yugoslavia.
La explosión de la burbuja de Internet y el cierre masivo de empresas y despidos, la recesión posterior al atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001 y el mayor endeudamiento para encarar las guerras en Afganistán e Irak hundieron las cuentas fiscales estadounidenses hasta hoy.
Por todo esto, la palabra de Clinton cobra especial importancia en estos días de casi default y tensas discusiones en la clase política de los EEUU por cómo se gastan los recursos públicos. Consultado por Bloomberg TV, el ex presidente demócrata puso el dedo en la llaga: "No se puede bajar la deuda con una economía en recuperación", afirmó.
Muchos analistas temen por el 2012. Prevén otra vuelta a la recesión si se aplica más ajuste en un momento con crecimiento débil y alto desempleo. Miran a Europa y sus magros resultados y descreen de la receta.
Lo cierto es a que muchos se les grabaron aquellos años de crecimiento, superávit fiscal y un claro liderazgo geopolítico mundial. Bill Clinton salió entre los cuatro mejores presidentes de la historia de los EEUU según una encuesta de Gallup del año 2007.