Pese a todo ello, hubo grandes logros que no fueron prometidos: importantes avances científicos, asombrosas imágenes del cosmos, un vehículo de diplomacia que ayudó a acercar a viejos enemigos de la Guerra Fría y algo de qué enorgullecerse. El ex presidente George H. W. Bush, que supervisó en los primeros vuelos, dijo que el programa del transbordador "escribió un capítulo verdaderamente inspirador en la historia de las exploraciones humanas".

El primer vuelo del transbordador de la NASA fue en abril de 1981. Ahora que ha regresado, el Atlantis será, junto con los otros dos transbordadores, una pieza de museo: más caro que cualquier pintura. El costo total del programa fue más del doble de los 90 mil millones de dólares calculados por la NASA originalmente.

El país gastó más en el programa que en el costo combinado de los viajes a la luna, la creación de la bomba atómica y la construcción del Canal de Panamá, de acuerdo con un análisis de Associated Press que empleó cifras de la NASA y de la Smithsonian Institution, ajustadas por inflación.

Incluso los más ardientes defensores admiten que el programa no logró las promesas iniciales. Cuando fue propuesto, uno de los puntos más atractivos fue que, con lanzamientos semanales, viajar al espacio sería relativamente barato y seguro.

"Pero no hay nada bochornoso en colocar la barrera demasiado alta y no poder superarla", sostuvo el ex astronauta Duane Carey, que voló en 2002. "Lo que importa es que nos esforzamos enormemente para lograrlo. El principal legado dejado por el programa del transbordador es el de un fracaso magnífico".

De los cinco transbordadores construidos, dos se perdieron en explosiones. La mayor cantidad de vuelos en un año fue de nueve, mucho menos que los 50 prometidos.

El programa se las arregló, además, para hacer que ir al espacio pareciese aburrido, al volar al mismo lugar una y otra vez. Los transbordadores orbitaron la Tierra 20.830 veces, pero no fueron a ningún lugar realmente nuevo.

El epitafio del transbordador es "lo intentamos", dijo Hans Mark, un ex viceadministrador de la NASA que supervisó la mayoría de la primera decena de lanzamientos. Hace seis años, el entonces jefe de la NASA, Michael Griffin, declaró que el programa del transbordador había sido un error.

Pero fue un error que rindió dividendos en formas inesperadas, que no tuvieron nada que ver con el dinero ni con la confiabilidad. "Los descubrimientos que permitió, la cooperación internacional que facilitó y el conocimiento que generó -a veces a gran costo humano- han contribuido en formas incontables e importantes a la humanidad y al progreso común", escribió Bush en un mensaje electrónico enviado a AP.

Ahí tenemos las magníficas fotos tomadas por el Telescopio Hubble, que ayudaron a precisar la edad del universo y mostraron la existencia de la energía oscura, los trabajos actuales en los laboratorios de la estación internacional, una multitud de satélites para todo tipo de funciones -desde espionaje hasta el estudio del clima- y naves que exploran el sistema solar. Todo ello debe su existencia al transbordador.

El Hubble no solamente fue colocado en el espacio desde el transbordador, sino que fue reparado y mejorado cinco veces por sus astronautas. Además, capturó y reparó satélites en órbita.

Astronautas del transbordador instalaron un experimento de física de partículas en la estación espacial para que pudiera encontrar evidencia de materia oscura y explicar mejor aspectos de cómo se formó el universo. Añádase a eso los intangibles de la continua presencia estadounidense en el espacio durante tres decenios y un escenario orbital para diplomacia internacional y lecciones de ciencia.

Como una versión real del programa televisivo Star Trek, el transbordador fue como la ONU en el espacio, llevando representantes de otros 16 países. Los Estados Unidos y Rusia se volvieron socios estrechos y, tras la disolución de la Unión Soviética, muchos científicos coheteriles rusos encontraron nuevo empleo. El jefe actual de la NASA dice que eso no es algo que debería ser ignorado.

"El programa del transbordador reafirmó, una vez más, el predominio estadounidense en el espacio y sentó las bases para que los Estados Unidos continuasen su liderato", dijo el administrador de la NASA y ex comandante del transbordador Charles Bolden en un mensaje electrónico. "El programa evolucionó a lo largo de su existencia y nos dio muchos logros pioneros y momentos de orgullo, junto con dolorosas lecciones".

Lanzado como un cohete y aterrizando como un avión, el transbordador fue un impresionante híbrido y se comportó tanto como un taxi espacial -transportando astronautas-, como un camión de carga -cargando maquinaria y equipos pesados. Esa versatilidad significó mayores costos.

Los éxitos fueron espectaculares, pero espectaculares fueron sus fracasos también.

Siete astronautas perecieron cuando el Challenger estalló un minuto después de su lanzamiento en 1986 y otros siete cuando el Columbia se incendió al ingresar a la atmósfera en su regreso a la Tierra 2003. Uno de cada 67 vuelos resultó en muertes, una tasa que asustaría al más arrojado de los exploradores.

Un problema fue que el transbordador tuvo concesiones desde el inicio hasta el final, dijo Howard McCurdy, profesor en la American University y autor de varios libros sobre la NASA. El programa tuvo que satisfacer tanto a la agencia como al Departamento de Defensa, que dictó la forma exacta de sus alas y el tamaño de su puerto de carga, relató Roger Launius, curador principal del Museo Aeroespacial del Smithsonian.

El concepto inicial estaba basado en un plan de tres etapas, con el objetivo final de llegar a Marte, sostuvo George Mueller, ex alto funcionario que es considerado el padre del programa. Para llegar a Marte, la NASA necesita una estación espacial que orbite la Tierra como punto de despegue. Para llegar a la estación, la NASA quería un transbordador completamente reusable.

En 1971, el presidente Richard Nixon le dio a la NASA solamente el transbordador. La nave no tenía adonde ir. La estación espacial no fue construida hasta 1998.

Lo peor de todo, sostiene Mueller, es que el plan para hacer el transbordador completamente reusable fue abandonado. Recortes presupuestarios ordenados por el gobierno de Nixon significaron que el tanque de combustible iba a ser desechado en cada vuelo y los cohetes propulsores arrojados al mar tras el lanzamiento y tenían que ser recuperados y remodelados completamente. Esos cambios ahorraron dinero inicialmente, pero añadieron costos a cada vuelo, dijo Mueller en una entrevista.

El programa del transbordador parece ahora una anomalía en la carrera espacial. Las naves anteriores eran cápsulas, como el Apolo. Y los diseños para el futuro cercano son mayormente para cápsulas.

Pero los astronautas llaman al transbordador una maravilla de ingeniería tanto en complejidad como en versatilidad. John Glenn, que voló tanto en la cápsula Mercury como en él, lo llama "el vehículo perfecto de su tiempo".

"El transbordador es una asombrosa máquina", afirmó el astronauta Stan Love. "Supera cualquier cosa que vuela ahora y en los próximos 30 años".