Un Portugal acéfalo desata el miedo en Europa

La renuncia del jefe de Gobierno, José Sócrates (foto), detonó una grave crisis política local, pero cunde a toda la región. Temen que arrastre a otros países endeudados de la eurozona

"¿Quo vadis, Euro?" (hacia donde se dirigirá el euro), se preguntaban muchos analistas pocas horas antes del comienzo de la importante cumbre de la Unión Europea (UE) en Bruselas, un encuentro en el que se buscarán salidas a la crisis de la deuda en la UE.

No son pocos los que creen que una caída de Portugal podría arrastrar al abismo a otros países endeudados de la eurozona, poniéndolos en la mira de ataques especulativos. Entre estos "candidatos" se destaca el vecino portugués, España. Tras la renuncia de Sócrates, el gobierno socialista en Madrid descartó un posible efecto de "contagio". Pero la oposición conservadora no está tan tranquila.

"La situación de incertidumbre política en Portugal no favorece a España, porque hay una relación muy importante entre los dos países", afirmó a la agencia portuguesa Lusa José Eugenio Azpiroz, diputado del Partido Popular (PP). "Esperamos -agregó- que Portugal no tenga que recurrir a ayuda externa" de la UE o del Fondo Monetario Internacional (FMI).

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El socialista Sócrates renunció porque la oposición rechazó su nuevo programa de ahorros, el cuarto en menos de un año, pero los analistas advierten a los portugueses que no hay motivo de júbilo. "Los tiempos serán aún más difíciles para todos los portugueses en los próximos tiempos. Quien afirma lo contrario, miente", advirtió Jose Antonio Teixeira, analista y director del canal SIC.

Tras la renuncia del gobierno, Sócrates viajará este jueves como representante del gobierno portugués "sin cargo" a la cumbre de Bruselas. Mientras tanto, el presidente Aníbal Cavaco Silva tendrá que disolver el parlamento y tras ello convocar a nuevas elecciones en un plazo de 55 a 60 días.

Se espera que el gobierno de transición, cuya composición era una incógnita el miércoles a la noche, tenga un campo de acción muy limitado, perjudicando aún más al país.

Las cifras que preocupan al Viejo Continente

Antes de la renuncia de Sócrates en horas de la noche, Portugal había vivido el miércoles un preámbulo de lo que vendría, con caos, preocupación y advertencias. Mientras los intereses de la deuda portuguesa subían a niveles record de 8,13%, los empleados de los transportes públicos realizaban una nueva huelga.

"En este país no funciona nada, es una vergüenza. ¿Cómo vamos a alimentar a nuestros hijos?", se quejaba una mujer de edad avanzada, imposibilitada de llegar a su lugar de trabajo.

"Solo con un gobierno fuerte saldremos de la crisis", advierte, de su lado, el presidente de la Federación Nacional de Comercio, João Vieira Lopes, previendo que la presión de los mercados internacionales aumentará mucho en los próximos meses.

Pero un gobierno fuerte no está a la vista. Los partidos políticos de la oposición se unieron en el rechazo al último paquete de Sócrates, pero nada permite prever que se formará una coalición lo suficientemente fuerte como para obtener la mayoría absoluta en el Parlamento de Lisboa.

Tras una década económicamente perdida, el país sufre un endeudamiento gigante, falta de liquidez de las empresas públicas, el retorno de la recesión, un desempleo récord de 11,2%, un constante aumento de las huelgas y protestas, así como un profundo desánimo. La iglesia afirma que el hambre, el desespero y las necesidades crecieron fuertemente el año pasado.

La principal fuerza de oposición, el partido socialdemócrata SPD, de tendencia conservadora, había aprobado hasta ahora todos los paquetes de ahorro del gobierno. Pero el jefe del PSD, Pedro Passos Coelho, no fue consultado en el último y se rebeló. No se le puede recetar a Portugal simplemente "pan y agua", sostuvo.

Tras un déficit presupuestario récord del 9,4% en 2009, y del 7,3% en 2010, Portugal quiere reducirlo este año al 4,6% del Producto Interno Bruto (PIB). Para ello, se aprobó para 2011 un polémico presupuesto con fuertes medidas de ajuste. Se prevé que los gastos en salarios del sector público se reduzcan un 5%, mientras que el impuesto al valor agregado suba del 21 al 23%. Además, se recortan las prestaciones sociales y se congelan las rentas.

Bruselas festejó estos datos, pero en Portugal la paciencia se agotó cuando Sócrates anunció que, entre otras medidas nuevas, se congelarían también las jubilaciones mínimas. "Esas medidas son brutales. La gente tendría que saber que un país sólo puede salir de una crisis si hay crecimiento", afirmó la legendaria líder del PSD, la dama de hierro lusa Manuela Ferreira Leite, antes de votar contra el paquete.

A Sócrates estas palabras no le convencen. El sonnyboy de la política portuguesa, que gobernaba desde 2005, no quiere tirar definitivamente la toalla y afirmó que va a ser candidato en los próximos comicios.

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