De momento, Egipto está al mando de los militares quienes, de a poco, fueron adquiriendo protagonismo en la crisis. Ellos comunicaron que el final estaba cercano unas horas antes del último intento del ex presidente de aferrarse al cargo.
Las noticias oficiales empezaron a llegar bajo forma de comunicados militares: la inminencia del fin, la renuncia del presidente, la no disolución inmediata del gobierno provisoriamente nombrado por Mubarak unos días antes de irse, etcétera.
El poder, de la calle a los cuarteles
"Ya no es más la calle la que decide, ahora lo hacen los militares", dijo Tewfik Aclimandos, investigador del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS) al semanario L'Express. "Los militares han asumido plenos poderes y la fuente de su poder es el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas".
Mohammed Anuar Moghira, que en 2009 publicó el libro Egipto, clave de las estrategias en Medio Oriente, consultado por la misma revista, precisó: "Ese consejo supremo se compone de una quincena de dirigentes y dignatarios de las fuerzas de aire, tierra y mar, bajo la tutela del jefe de Estado. Hoy, es en realidad el alto comité militar el que dirige al país. Surgido de ese mismo consejo superior, fue creado en el marco de la revolución iniciada el 25 de enero y se compone de cinco hombres".
Ambos especialistas creen que fue el Ejército el que definió la salida de Hosni Mubarak. Después del discurso en el cual anunció que delegaba poderes presidenciales a su vice, Omar Suleiman, sin renunciar, "el Ejército vio en él una carga pesada y sin duda lo presionaron", dice Aclimandos.
Moghira agrega que los militares "temieron el caos y que la población se volviese en contra de ellos, cuando hasta entonces eran respetados y bastante populares". Uno de los eslóganes que se escucharon en estos días en las calles de El Cairo y otras ciudades sublevadas era: "¡Pueblo y Ejército lado a lado, pueblo y Ejército son sólo uno!".
No es nuevo el poder de los militares. El Ejército ha sido pilar del régimen en estas décadas. Pero ahora, se encuentra "en posición de ungir a un rey", cree Aclimandos.
Ahora bien, el artículo 84 de la actual Constitución egipcia, dice que "el nuevo presidente debe ser el titular de la Corte Constitucional". Sin embargo, no es ése el nombre que más circula públicamente. ¿A quién investirá el Ejército?
¿Quién será el hombre fuerte?
Para Moghira, el elegido será alguno de los tres miembros más protagónicos del comité militar, a saber, el ministro de Defensa, Mohamed Hussein Tantawi, el vicepresidente, Omar Suleiman, o el jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Sami Enan.
Tantawi dirige el consejo supremo de las FFAA y Moghira cree que fue uno de los que más presionó para que renunciase Mubarak, "para evitar un baño de sangre". En cuanto a Suleiman, su fortaleza viene de sus contactos internacionales; el embajador egipcio en los Estados Unidos se refirió a él como "presidente de facto". Y Sami Enan, surgido de la Fuerza Aérea al igual que Hosni Mubarak, aunque menos conocido que los otros dos, está bien considerado en Washington. Los tres comparten el inconveniente de ser vistos como hombres del antiguo régimen, y de hecho lo son.
Inclusive, un cable de WikiLeaks, fechado en 2008, decía que Tantawi respaldaba a Mubarak en el mantenimiento de la estabilidad del régimen y del statu quo: "No tienen la energía, la inclinación o la visión del mundo para hacer las cosas de otro modo". Aún así, alguno de ellos podría ser el nuevo "hombre fuerte" de El Cairo, aunque no se sepa aún bajo qué figura institucional. Pronto se verá si son capaces de romper con el pasado.
La plaza vigila
En otro orden, la simpatía popular hacia los militares no significa que el pueblo quiera una dictadura militar. La agencia Reuters cita la opinión de uno de los manifestantes, Ghada Elmasalmy, un farmacéutico de 43 años: "El Ejército está con nosotros, pero debe ahora acceder a nuestras reivindicaciones; desde ahora, cada vez que haya una injusticia, vendremos a la plaza Tahrir".
Los líderes de la revuelta han dicho que no abandonarán el escenario de la revolución hasta que el Consejo acepte su programa de reformas y sus reivindicaciones, en primer lugar, la disolución del Parlamento y el fin del estado de excepción que permitió reprimir a la oposición por décadas.
El Ejército prometió "una transición pacífica del poder en el marco de un sistema libre y democrático que permita a un poder civil surgido de elecciones gobernar el país a fin de edificar un Estado democrático y libre". Sin embargo, no fijó plazos para esa transferencia.
La agenda de los nuevos responsables del devenir egipcio es densa: deben conducir un proceso de reforma constitucional, permitir la organización de fuerzas opositoras, liberar a los presos políticos y, finalmente, organizar las elecciones.
Según la cadena televisiva Al Arabiya, el Ejército debe disolver de inmediato gobierno y parlamento y sumar al presidente de la Corte Constitucional al comité que gobierna el país. Pero nadie sabe cuáles serán las prioridades de los militares.
Bisagra
Las fuerzas armadas se encuentran en la doble posición de ser un actor del pasado y del futuro de Egipto. Parte constitutiva del régimen anterior, se han erigido también en un poder económico de gran peso en estos años. Sus intereses materiales están ligados al mantenimiento de lo viejo. ¿Pesará eso más en esta transición que las demandas de una ciudadanía que de momento acepta que ellos tengan el timón?
El Consejo Supremo de las FFAA anunció que su objetivo es entregar el poder a un gobierno civil en un país que ha tenido presidentes militares por 60 años.
Si la ciudadanía se mantiene movilizada ésa podría ser la mejor garantía de cumplimiento de esta promesa. Algunos activistas han creado un Consejo de Vigilancia para defender lo logrado y negociar con los militares. Será función suya convocar o no a nuevas concentraciones de acuerdo a la evolución de los acontecimientos.