De acuerdo con la presentación de Andrew Cuomo, fiscal general de Nueva York, Ernst & Young recibió directamente por parte de Lehman unos 150 millones de dólares como retribución por realizar dichas omisiones. El funcionario reclama la devolución de esa cifra a los contribuyentes de su estado.
La acusación sostiene que la consultora colaboró para borrar momentáneamente activos del banco de inversión por 50 mil millones de dólares, antes de cerrar los balances anuales para mejorar la salud de la compañía. Ernst & Young desarrolló tareas de auditoría externa en Lehman desde 2001 hasta su quiebra, en septiembre de 2008.
"Esta práctica era un modelo de negocio estilo castillo de naipes, diseñado para ocultar miles de millones en pasivos en los años previos al colapso de Lehman. Una empresa contable mundial, encargada de auditar los estados financieros de Lehman, ayudó a ocultar esta información crucial del público inversor" disparó Cuomo.
El fiscal sostuvo también que Ernst falló en resaltar el momento en que Lehman rompió las reglas. Incluso la consultora desestimó denuncias internas y de contadores sobre la situación del banco. La vinculación entre ambas empresas se realizaba al más alto nivel gerencial y societario.
Ernst & Young, por su parte, remitió un comunicado en el cual alegó que no existen "bases fácticas o legales" para acusar a su firma. Además, declararon que se defenderán de las acusaciones del fiscal. Aclararon que la quiebra de Lehman "no fue producto de un tema contable", y que su contabilidad se llevaba a cabo de acuerdo con los principios generales que rigen.
La quiebra de Lehman Brothers resultó la más grande de la historia estadounidense, con un pasivo que se elevó hasta los 613 mil millones de dólares. Su caída fue una importante pieza en la profundización de la crisis económica mundial.