El artista Miguel Ángel Buonarroti era un genio, pero humano. Según una entrevista publicada por el diario Corriere della Sera, el italiano satisfacía sus instintos naturales en prostíbulos, donde encontraba lo que necesitaba: inspiración.
La experta en arte Elena Lazzarini, de la Universidad de Pisa, indicó al periódico que Michelangelo, así su nombre original, acudía a ?stufas?, baños públicos a los que la gente se dirigía para tener relaciones con prostitutas. Allí hallaba a sus musas.
?El genio renacentista de Buonarroti (apellido de Miguel Ángel) se inspiró en varios burdeles italianos para pintar algunos de los modelos que forman parte de los frescos de la Capilla Sixtina?, declara la especialista.
De acuerdo con sus palabras, era algo habitual para los artistas del Renacimiento considerar estos lugares como fuentes de las que sacar aquello que necesitaban para comenzar con sus obras, dado que allí estudiaban a las mujeres cual modelos.
Estos lugares, además de ofrecer tratamientos de belleza, funcionaban como ?estancias más apartadas, lugares de promiscuidad y de prostitución masculina y femenina".
"Y estos modelos no eran sólo cosa de Miguel Ángel, los encontramos a partir de Leonardo en varios trabajos, y están presentes también en la obra de Bronzino", finalizó Elena Lazzarini.