"Que la muerte injusta de estos hermanos sea la semilla para que México pare con tanto muerte y sangre", dijo el obispo de Morelia, Alberto Suárez Inda, poco antes de que partiera el cortejo hacia la funeraria donde los restos de los 18 turistas fueron velados.
Los féretros estaban dispuestos al frente del altar mayor de la Catedral de Morelia, con una fotografía de cada víctima. Al servicio religioso asistieron familiares, amigos y compañeros de trabajo de los muertos.
Semanas atrás, un video publicado en YouTube alertó a las autoridades mexicanas. Allí, dos hombres, que luego aparecieron muertos, confesaban que el asesinato de los turistas michoacanos era una venganza contra el cártel de La Familia por el control del tráfico de drogas.
Sin embargo, aún no se tenía indicios acerca de qué se estaba buscando. Se sabía que 20 turistas habían desaparecido a fines de septiembre en el balneario de Acapulco, sin más detalles. Finalmente, el hallazgo de una fosa común en un huerto de cocos del poblado de Tuncingo confirmó el horror: 18 de ellos -dos permanecen desaparecidos- habían sido asesinados poco después de su secuestro. Ahora se conoció el macabro modo de aniquilarlos.
"Los iban golpeando, los iban echando a la fosa y si no morían en el instante morían de asfixia por sofocación en su modalidad de enterramiento", reveló al diario Roforma, Martínez García, directora de Servicios Periciales de la Procuraduría de Justicia de Guerrero, Mirna. Y detalló: "Sí se puede determinar que algunos de los cuerpos cuando fueron cayendo a la fosas todavía llevaban por lo menos un esbozo de vida, la intención era matarlos definitivamente".
Sólo dos de los cuerpos tenían impactos de bala, que podrían tratarse de rehenes que intentaban escapar o resistirse al secuestro o a su muerte. Sin embargo, queda la certeza de que la ferocidad de la guerra interna del narcotráfico puede ser aún más violenta que la guerra contra el crimen organizado librada por el presidente Felipe Calderón desde su asunción en diciembre de 2006.