Todas las pruebas apuntaban al príncipe. Unas horas antes de que Abdulaziz apareciera muerto y con signos de violencia en una habitación del lujoso hotel británico Landmark, las cámaras del ascensor captaron una brutal golpiza que le dio Saud bin Nasir. El video recorrió el mundo y llegó a la Justicia londinense, que ya tomó la decisión pero emitirá su sentencia el miércoles.
El príncipe y su séquito habían llegado a londres en febrero, luego de una larga gira por Praga, Milán, Marraquech y las islas Maldivas. La noche de San Valentín, el asesino y la víctima cenaron en un restaurant. Luego se emborracharon con champagne y cóctels en el bar del hotel y subieron a la habitación. Un vecino escuchó los golpes y los alaridos de Abdulaziz.
Al día siguiente, el príncipe llamó a la embajada de su país y dijo que su acompañante no se encontraba bien. Lo encontraron muerto. Saud bin Nasir aseguró que las heridas se las habían hecho unos ladrones que los habían asaltado semanas atrás. Durante el juicio reconoció finalmente que él lo había matado, pero negó la intencionalidad y juró que fue un accidente porque estaba ebrio.
Su sirviente tenía varias costillas rotas, derrame cerebral, los músculos rotos del cuello por la fuerza con que había sido asfixiado y mordeduras en las mejillas y en una oreja. Los médicos forenses tomaron ese último indicio como prueba de un ingrediente sexual en el asesinato. El fiscal que lleva el caso habló de "sadismo" y afirmó que "la agresión no se redujo simplemente a palizas, sino que hubo un elemento sexual en el maltrato".
En efecto, la sexualidad del acusado fue determinante en el juicio. El abogado de la familia de la víctima subrayó que la clave del crimen estuvo en la naturaleza sexual de la relación que el príncipe mantenía con su asistente. Saud bin Nasir niega ser homosexual, pero las evidencias son contundentes. Los empleados del Landmark declararon que intentaba seducir a los camareros y que se hizo visitar dos veces por prostitutos profesionales.
En su ordenador, la policía encontró visitas a páginas de saunas gays y masajistas sexuales masculinos. A su viaje llevaron la Guía Spartacus, reconocida revista de turismo gay, y en la suite que compartían había una sola cama. El príncipe tenía fotos de Abdulaziz semidesnudo en su teléfono móvil. Los empleados del restaurant donde cenaron en la noche de San Valentín están seguros de que sirvieron a una pareja gay.
La relación era extraña. Los testigos afirman que se comportaban como una pareja, pero que la víctima siempre parecía sometida a Saud bin Nasir. Permanecía siempre callado, caminaba unos metros atrás del príncipe y viajaban separados, uno en primera y otro en clase turista.
El príncipe quedará bajo custodia hasta conocer su sentencia el miércoles. Según medios británicos, si regresa a Arabia Saudí será condenado a muerte. Pero no por asesino, sino por homosexual.
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