El mundo asistió a través de la transmisión oficial al rescate más espectacular que jamás se haya visto. El presidente Sebastián Piñera recibió elogios de muchos de sus pares a lo largo del globo. Sin embargo, se sabe poco de los minutos previos al día más esperado. Menos se conoce aún de los 17 fatídicos días en los que los 33 mineros estuvieron desaparecidos.
Escuchaban que los rescatistas los buscaban, pero también advertían que estaban errados, no se acercaban a ellos en ninguno de sus intentos. La mina se desplomó el 5 de agosto, pero el primer contacto con el exterior recién llegó el 22 de ese mes. Pasaron 17 días en los que Luis Urzúa asumió el mando y diseñó un plan para sobrevivir.
En ese período, los mineros comieron cada 48 horas dos cucharadas de atún, medio vaso de leche y media galleta. El único gusto que se dieron durante ese tiempo debieron compartirlo entre los 33: racionaron una lata de duraznos en conserva. En las cercanías del refugio, los mineros tenían un baño químico y letrinas.
El agua potable se terminó a los pocos días del derrumbre. A casi 40 grados de temperatura no tuvieron más remedio que consumir agua contaminada con combustibles. Los dolores de estómago llegaron inmediatamente. Pasaban los días y se debilitaban cada vez más. Hasta intentaron trepar las rocas en varias oportunidades. Débiles, con hambre y de mal humor, probaron una y otra vez llegar a la superficie.
Las fotos tomadas en el fondo de la mina, ya con los rescatistas, los muestran en plena tarea de organización. Obedientes, todos se sometieron a la revisión médica de uno de los enviados desde el exterior. Se temía que fueran a sufrir el ascenso, sin embargo todos salieron por sus propios medios de la jaula una vez que alcanzaron la superficie. No se produjeron desmayos ni mareos, por lo que cada ascenso fue una fiesta.
Los 33 se reunieron antes del operativo y tomaron una decisión: sólo se referirán a ellos mismos ante la prensa, y el resto de los compañeros será tema vedado. Allí, bien en el fondo, quedarán las miserias. Sólo ellos saben los que pasaron, y mediante un acuerdo, decidieron no difundirlo. ¿Se enfrentaron? ¿Existieron golpes? ¿Hubo rupturas en el grupo? Seguramente todas estas preguntas tienen respuestas afirmativas. Pero ellos decidieron no contarlo y, por ahora, se mantienen firmes en su promesa.
En ese pacto acordaron inscribir una fundación para ayudar a mineros de escasos recursos. Esa organización también les servirá como herramienta de negociación del material audiovisual y documental que registraron durante su encierro.
Víctor Segovia llevó un diario de los 70 días en la mina. Este será el documento que utilizarán los obreros para concretar el libro con las cientos de anécdotas, peleas y horas de medio que el grupo decidió publicar a través de su fundación. ¿Cuándo? Habrá que esperar: "Voy a dejar pasar un tiempo muy largo antes de decidir qué voy a hacer (con la bitácora)", dijo Segovia antes de abandonar el Hospital de Copiapó.
Increíblemente, en medio del rescate, Segovia dejó olvidados dos de los tres tomos de su diario. Al llegar a la superficie avisó y los enviaron en la Fénix 2 con el siguiente minero, Daniel Herrera.
El show minero
Juan Illanes funcionó como vocero de otros seis mineros. Este sábado 16 de octubre, en una conferencia de prensa, ya más recuperados y algunos de ellos sin los anteojos negros que los protegían de los rayos ultravioletas, enfrentaron las cámaras. Illanes fue muy claro, pidió privacidad. "No sabemos cómo enfrentarnos a ustedes, todavía estamos aprendiendo", explicó el minero. Y tuvo un pedido especial para la prensa: "Por favor dejen en paz a Yonny Barrios". El minero acusado de bígamo protagoniza los programas de la prensa rosa del mundo entero. El uso de su imagen no contempla el estado psicológico de un obrero que pasó 70 días bajo tierra.
La transmisión en vivo del operativo de rescate la montó el presidente Sebastián Piñera. Él decidió que se viera todo. También pidió que se escuchara todo. Hasta sus conversaciones telefónicas salieron al aire. Fue un despliegue mediático casi tan impresionante como el propio engranaje para liberarlos.
Pero los 33 mineros no formaron parte de esa decisión. Incluso algunos medios dicen que el propio ministro de minería, Laurence Golborne, no estaba de acuerdo con que absolutamente todo se transmitiera en cadena internacional. Los mineros experimentan un reality de sus vidas, pero ellos no se presentaron a ningún casting para que el mundo conociera sus virtudes y miserias. Son actores involuntarios de un show mediático sin precedentes.
Si quieren hablar, genial porque es una historia que merece ser contada. Si deciden no hacerlo deben ser respetados. Ellos no son Piñera. Ellos estuvieron 70 días bajo tierra.