Comienza la colecta de "Un techo para mi país"

Cuatro días después de haber levantado una vivienda de emergencia a 12 metros de altura en la intersección de 9 de Julio y Juncal, la ONG se prepara para la Colecta Nacional que tiene como objetivo dar forma a la consigna: "2.010 techos para el 2.010"

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Para lograrlo, diez mil voluntarios de Buenos Aires, Córdoba capital, Río Cuarto, La Plata, Misiones, Neuquén y Salta saldrán en forma simultánea a las calles para recaudar fondos y concientizar acerca de la realidad en la que viven miles de familias e invitar a la sociedad a comprometerse por un país más justo.

A partir de las 7 de la mañana de hoy y hasta la 19 del sábado 18, los voluntarios se encontrarán en las esquinas de las siete ciudades más importantes del país dispuestos a pedir la colaboración de 5 pesos, el cual será depositado en una urna, réplica de las viviendas que ellos mismos construyen. El objetivo es continuar con el trabajo que vienen realizando desde el 2004.

"La meta de alcanzar los $500.000, para poder construir 2010 techos para el 2010" entre el 9 y 11 de octubre próximo, informó Sabrina Prieto, directora de comunicaciones de la ONG.

No sólo habrá voluntarios en las calles, sino y lo más importante para los chicos de UTPMP, es la colaboración de las familiares que vive en asentamientos, que son ni más ni menos, que la gente por quienes ellos pelean y construyen.

"La gente de los asentamientos estarán con nosotros", contó Prieto. La tarea de estos jovenes no finaliza con el último clavo, sino que allí se inicia. Prosigue la habilitación social que hace que las familias y los voluntarios se vean las caras una vez por semana para ayudarlos a organizarse como comunidad.

En forma de agradecimiento, seguramente, los habitantes de las casas de UTPMP colaborarán durante el sábado en la colecta y estarán con los chicos en la "casa del aire" para juntos recibir conocimiento de cuáles fueron los montos estimativos de la colecta, tarea que estará a cargo del Banco Hipotecario.


La experiencia de vivir en el aire
Durante esta semana, cuatro voluntarios, entre ellos, Agustín Algorta, director social de Un techo, vivieron en una casa levantada a 12 metros del suelo firme, en plena Avenida 9 de Julio.

La casa en lo alto, fue la manera que los organizadores tuvieron de hacer ver que para mucha gente es imposible acceder a una vivienda.

"La idea es que la casa la usemos como una casa normal, o sea, hacer nuestras cosas cotidianas y después ir a comer y descansar para hacer las tareas del día siguiente", contó a Infobae.com el director social de UTPMP que pasó tres noches en las alturas.

"Fueron tres noches y una experiencia que nos dejó sin palabras. Por un lado es cansador pero también se acercó mucha gente y todos con buena onda", relató Algorta, quien dijo que la gente que los visita para alentarlos les dan "pilas".

Antes que la comida llegue a la mesa, Jorge también habló con este medio. Jorge Gabriel Rodríguez tiene 25 años y vive en el barrio Santa Brígida, en Maquinista Savio, Escobar. A fines de 2008, tras un proceso de encuestas que duró unos meses, su familia recibió una vivienda de Un Techo, que construyeron en diciembre, en Mercedes.

"Hace un año y tres meses soy voluntario de UTPMP", contó. Fue beneficiado junto a sus 6 hermanos por un proyecto en el cual al principio "no creía porque pensé que eran solo promesas o que nos iban a pedir algo", confesó.

Rodriguez hoy representa la voz de miles de personas que recibieron ayuda: las que les dieron y las que se dejaron dar. A partir de ello, con casa nueva y con una zanja que no permitirá nuevas inundaciones, la familia de Jorge cambió la página de una historia que ya parecía escrita: "nos dimos cuenta que podíamos progresar. Ahora soy voluntario porque hay mucha gente esperando que alguien los ayuden".

Como él recibió ayuda quiere brindar lo mismo, pagar con igual moneda porque sabe de la satisfacción que se siente cuando la casita de madera se acopla con una de ladrillos, como la que su familia comparte ahora.

En su haber, Jorge cuenta con doce casas construídas y el impagable premio de haberlas visto sonreír, como lo hizo la suya cuando, un grupo de jóvenes empezó a bajar de un camión tablones de madera para avisarles que esas harían los primeros cimientos de un hogar.

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