La orden de expulsión de los espías rusos que estaban en Estados Unidos fue el epílogo de acontencimientos dignos de una novela de espionaje iniciados diez días antes y que trasladaron a Estados Unidos y Rusia a la atmósfera de la guerra fría.
La deportación inmediata, que según el canal NY1 se concretó este jueves a la noche, fue pronunciada judicialmente luego de que Moscú aceptara liberar a cuatro individuos encarcelados en Rusia por contactos con agencias de Occidente.
Según declaró a la prensa Richard Baum, abogado de uno de los diez espías, un ómnibus esperaba a los agentes secretos para trasladarlos del tribunal a un aeropuerto de Nueva York y ser luego trasladados a Moscú.
Poco antes, los diez acusados, incluyendo la periodista peruana Vicky Peláez, admitieron en la corte ser "agentes secretos" que trabajaban para un gobierno extranjero, cargo pasible de una pena máxima de 5 años de cárcel.
Según un acuerdo con los fiscales, que fue avalado por la jueza a cargo de la causa, se retiraron los cargos más serios de lavado de dinero que pesaban contra nueve de los agentes y no los encarcelaron, sino que los expulsaron inmediatamente del país.
Además, los acusados aceptaron "no intentar volver nunca a Estados Unidos".
El FBI había investigado durante años a los individuos, algunos de ellos instalados desde hace tres décadas en Estados Unidos y encargados de infiltrarse en los círculos políticos para luego enviar información a Moscú.
"Se trata de un caso extraordinario, resultado de años de investigaciones y el arreglo alcanzado hoy constituye una salida exitosa para Estados Unidos y sus intereses", aseguró el secretario de Justicia Eric Holder.
Mientras la expulsión era ordenada en Nueva York, el investigador ruso Igor Sutiaguin, condenado en Rusia por espiar para Estados Unidos y posible beneficiario del canje de espías, ya habría sido liberado y visto en Viena, afirmó su abogada.