No fue fácil ver rodar nuevamente la pelota por el césped. La Segunda Guerra Mundial -55 millones de víctimas y más de 35 millones de heridos-, privó a los fanáticos del fútbol de disfrutar de otra Copa del Mundo, luego de aquel lejano título de Italia en Francia, en 1938.
Hubo que esperar 12 años precisamente, para que el mundo se vuelva a reunir en forma de pelota. Otra vez América del Sur, como en Uruguay 1930, fue el destinatario de albergar semejante compromiso. Brasil fue el elegido, a pesar que muchos se postularon para recibir el nuevo Campeonato del Mundo.
Argentina, por ese entonces, contaba con excepcionales jugadores que podían hacer la diferencia. Pero, en constantes guerras de poderes con la Confederación Brasilera de Deportes, las cuales nacieron en 1949, cuando Argentina no se presentó al Sudamericano disputado en Brasil, por problemas contractuales con los jugadores y la Federación. Los futbolistas criollos iniciaron un interminable éxodo a Colombia. Como represalia, los dirigentes brasileños, prohibieron a sus equipos jugar contra combinados argentinos.
Atrás también había cuestiones políticas, entre Valentín Suárez, presidente de la AFA, y Juan Domingo Perón, el jefe de gobierno de nuestro país por aquel entonces.
Así fue que Brasil, monopolizó las miradas futboleras y le dio rienda suelta a "su" Mundial. Hubo 29 países inscriptos, aunque sólo 13 terminarían disputando la Copa. Sin Argentina ni las principales potencias europeas, por la larga herida que dejó la guerra, el local, Uruguay, Bolivia, Chile, Estados Unidos, México, Paraguay, España, Inglaterra, Suecia, Suiza, Italia y Yugoslavia, se hicieron presentes en el cuarto Mundial de fútbol.
Para albergar la fiesta, Brasil construyó el Estadio Maracaná, el más grande del mundo, porque la fiesta debía de ser completa. Su verdadero nombre era "Jornalista Mario Filho", en honor a un periodista y dueño del diario "Jornal do Sports". La obra duró 22 meses y podía albergar a 183.354 espectadores.
En ese templo futbolístico arrancó la cuarta Copa del Mundo. Fue el 24 de junio de 1950, con Brasil y México. Los locales no tuvieron problemas para llevarse el partido por 4-0 ante la algarabía de 80 mil fanáticos que dejaron a la vista la inmensidad del estadio.
En el segundo partido de ese Grupo A, Brasil empató con Suiza, cuatro días después de su debut. Fue 2-2 en San Pablo. La definición debía hacerla con Yugoslavia, quien venía de vencer a los suizos (3-0) y a los mexicanos (4-1) Finalmente, Brasil se impuso 2-0, con tantos de Ademir y Zizinho, y avanzó a la fase final. 142 mil personas, festejaron la clasificación en el Maracaná.
Por el Grupo B, España no tuvo problemas en avanzar a la siguiente fase. Despachó a Estados Unidos (3-1), Chile (2-0) e Inglaterra (1-0) y se postuló como serio candidato al título.
En el Grupo C, compuesto por Italia, Suecia y Paraguay, los suecos lucharon para clasificarse como líderes. Vencieron a Italia (3-2) y pasaron con un trabajado empate ante Paraguay, 2-2. Los guaraníes perdieron con Italia y así derrumbaron su sueño de pasar de fase.
En el Grupo D, entre Uruguay y Bolivia, se definía el clasificado. Los charrúas no tuvieron piedad y golearon 8-0 con una soberbia actuación de Óscar Míguez y Juan Alberto Schiaffino. Fue el 2 de julio en el Estadio Independencia de Belo Horizonte, ante la mirada de 6 mil espectadores.
La fase final se definía entre Brasil, España, Suecia y los uruguayos, en un cuadrangular, todos contra todos. La serie la abrió Brasil, el 9 de julio, quien goleó a los escandinavos 7-1. Uruguay, con tantos de Alcides Ghiggia y Míguez, empató ante España 2-2.
En la segunda fecha, Brasil aplastó 6-1 a España y se rumbeó al título. Ademir fue la gran figura de la tarde al anotar tres tantos. Uruguay, en tanto, perdía 2-0 ante Suecia, pero la garra, la magia y esa dosis de suerte necesaria, le dieron el valor necesario al equipo charrúa, quien reaccionó y se impuso 3-2 con goles de Ghiggia -2- y Míguez.
Por el tercer puesto, Suecia derrotó 3-1 a España, el 16 de julio. Pero ese mismo día, Brasil latía expectante al brillo de la Copa Jules Rimet. La tenía al alcance de la mano, y con sólo empatar con Uruguay, armaría el carnaval más grande del mundo, en su propio país. A imagen y semejanza de su historia.
203.849 espectadores, exactamente, rebalsaron el Maracaná, que temblaba al ritmo de esa masa sedienta de campeonato. Unos cien hinchas uruguayos, calladitos, pero con el corazón expectante, miraban de reojo la fiesta brasilera. Pancartas agradeciendo a los campeones, brotaban de las manos de los torcedores, aunque en el fútbol, nunca hay que desatar la fiesta antes de tiempo.
El primer tiempo fue luchado, reñido, con exceso de nervios. En el segundo tiempo, a los dos minutos, Friaça ponía el 1-0 para los locales y desataba la locura en el Maracaná. Pero en ese momento, la imagen se inmortalizó con Obdulio Varela, el caudillo uruguayo. Fue hasta el arco, tomó la pelota y la acomodó debajo de su brazo, cerca de la axila. Reclamó un offside inexistente y enfrió el partido. Fue hasta la mitad de cancha, miró a sus compañeros y gritó: "Ahora sí, vamos a ganar el partido".
Y la historia comenzó a dar un vuelco inesperado. A los 21 minutos del complento, Schiaffino, empató el partido y frenó la fiesta local. Los murmullos y las miradas atónitas se apaciguaban con el correr de los minutos. Uruguay aprovechó el desconcierto y Ghiggia, a diez del final, rompió con todos los moldes. Los celestes aguantaron a la heroica y apelaron a su garra para edificar un título increíble.
Con Brasil, en su propia casa y ante 200 mil fanáticos. Tremendo. En el final del partido, el silencio perforaba los oídos. Jules Rimet aprovechó el desorden en el campo de juego y, casi como quien no quiere la cosa, entregó la Copa y se marchó.
La frase de Míguez, luego de obtener el título, traduce el sentimiento y la filosofía de ese equipo: "¿Por qué nos iban a ganar?, ¿quiénes eran? Nosotros nos teníamos confianza. Si usted entra sugestionado es peor...Ese campeonato no se perdía...Estaba escrito que ese día ganaríamos, no temíamos ni a Dios ni al Diablo. Si Máspoli ?arquero- hubiese jugado de delantero, hacía dos goles, y si yo hubiera ido al arco, atajaba dos penales". El día que el Maracaná fue el Maracanazo y se tiño de celeste y blanco. La gloria para toda la vida, el título más increíble de todos.
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