No se trata de una campaña de Estado, sino de una iniciativa sectorial que ha escandalizado a partes iguales a las asociaciones familiares, a las feministas y a diferentes personalidades políticas.
"Nuestra idea está muy bien captada", explica Gérard Audurueau. "Pretendíamos demostrar que el tabaco es una sumisión. Pues bien, ¿qué mejor ejemplo de sumisión en el imaginario colectivo que una felación obligada?".
No satisface la explicación a la asociación Familias de Francia. Sus abogados van a recurrir a la autoridad francesa que regula la publicidad para retirarla de los escaparates. "Nos parece lamentable que una campaña de concienciación pase por malinterpretar el sexo", objetaba Crhistiane Terry a propósito de los carteles que ya decoran París.