Un caso emblemático de que a seducir se aprende es Neil Strauss, un periodista norteamericano, devenido gurú en el tema. Su best seller El Método se transformó rápidamente en una piedra fundacional.
Sus teorías dieron frutos en la Argentina y en los últimos años surgieron escuelas de seducción que, a través de anuncios prometedores, ofrecen cursos para que los hombres tímidos aprendan a derribar barreras. A ellas les enseñan cómo convertirse en una mujer irresistible y sacar a luz el lado salvaje que, seguro, tienen oculto.
Para uno de los directores de una de esas escuelas, es posible transmitir conocimientos para que otros rompan el cascarón y descubran que pueden conquistar a la mujer deseada. Sostiene que lo aprendido lo ayudó para la vida, para enfrentar situaciones con mayor seguridad, no sólo frente a una mujer y que quizá haya gente que no lo necesite y no entienda que uno tome cursos para ganar seguridad.
Destaca a su vez que se empieza a perder el miedo a aprender algunas formas más efectivas de presentarse ante el otro aunque reconoce que le costó mucho que tomaran en serio esta propuesta.
Por su parte, una sexolaga que aunque dio cursos mixtos y para parejas, trabaja desde hace años con grupos de mujeres porque cree que los hombres tienen que trabajar con hombres. Asimismo. consciente del reciente boom de los talleres de seducción, advierte sobre los dados sin base profesional, en donde lo que se ofrece, antes que un tratamiento de las causas de ciertos trastornos del cortejo, es un espacio de juego que suele caer en el error de proponer fórmulas infalibles según informa el diario La Nación.
Otra especialista que ofrece cursos para mujeres afirma que enseña seducción e imagen personal, talleres para ayudar a ver cuáles son los problemitas y entre todas ayudarse a sacar lo mejor de cada una.