sLas imágenes de la cobarde y criminal paliza que recibió un joven en La Plata este fin de semana no es más que un nuevo capítulo del descontrol mortal que el alcohol genera en la juventud. Si bien es un fenómeno internacional y no exclusivo del país, sí coincide con una situación inherente a nuestra sociedad. La falta de control de los poderes públicos y la irresponsabilidad de padres y empresarios. Esa mezcla es fatal.
Lo primero que está fuera de control es la oferta de alcohol. After office, previa, boliche, after hour, maxikiosco o almacenes. Todas son alternativas para poner al alcance de la mano el alcohol, esa sustancia que es legal, pero que actúa en el ser humano como una droga devastadora tanto por su efecto en el organismo, como por los resultados que provoca.
Los especialistas que investigan los abusos de sustancias coinciden en que el alcohol es el principal factor "criminógeno". Su consumo está mezclado en cuanta causa de muerte violenta se analice. En los casos de riña, la bebida es la principal causante de un final mortal (el caso de La Plata es un ejemplo, ya que si no aparecía un policía el joven que recibió esa paliza salvaje moría seguro). En los accidentes de tránsito. En las peleas domésticas. En cualquier contexto, un par de vasos de más de cervezas o del trago de moda termina en tragedia. La consecuencia más previsible de una borrachera es una lesión o una muerte. Y nadie se hace cargo.
El comité de expertos que ahora debate una despenalización de drogas que no tiene nada de "viva la pepa" (pero a veces se le parece) confirma que el alcohol se convirtió en un tóxico que se convirtió en pariente de la marihuana o la cocaína. La fiscal que está a cargo de la reforma de la Ley de Estupefaciente es la dueña de la frase de que las bebidas son el principal criminógeno. Luchemos por la Vida reveló en una investigación de 2007 que la mitad de los accidentes que terminan con muertos hay alcohol presente.
Ya es habitual que todos los fines de semana la apertura de los noticieros sean las muertes o las lesiones gravísimas provocadas por la ingesta compulsiva y maníaca de alcohol. Los boliches -principalmente del conurbano bonaerense- o las rutas son el escenario inamovible de la pantalla de los canales de noticias.
Ante este panorama, las respuestas que se dan en los ámbitos de gobierno asustan. La inacción aparece como el común denominador. Hace tres semanas, con tres muertes menos, que la administración de Daniel Scioli y la de Mauricio Macri están "analizando" qué hacer.
Se habló de limitar los horarios de los boliches. Se habló de que sería a las 3 de la madrugada el tope. Que sería a las 4. Que lo harían de a poco, que lo harían juntos. A fin de cuentas, con tres pibes muertos y no pocos lesionados más, todo sigue que entonces. Se habla de "reforzar" los controles, pero las metas que se ponen dan risa.
En la Provincia se va a duplicar la cantidad de inspectores dedicados en exclusiva al control de los boliches: pasarán de 100 a 200. Para un distrito que tiene la dimensión de un país suena como a poco. O a nada. En la Ciudad, ni a eso se llega. Ahora hay 320 inspectores, pero no hay ni uno solo que se dedique en forma exclusiva a cuidar a los pibes a la noche.
Funcionarios del gobierno porteño le respondieron a Infobae.com esta frase que parece un monólogo de la empleada estatal que interpretaba magistralmente Gasalla: "Más o menos el 50 por ciento se dedica siempre a inspeccionar boliches y maxikioscos. Eso te da más o menos 160 personas. Por fin de semana se hacen más o menos 180 inspecciones. Más o menos se clausuran entre 20 a 25 boliches". La Agencia de Control de Comunal porteña, que preside Pablo Bourlot, es el reino del "más o menos".
En la encuesta que hoy publicamos en Infobae.com, más del 60% está de acuerdo con prohibir directamente el funcionamiento de los after hour. Esos locales -principalmente en Europa- surgieron para darles a los usuarios de drogas un lugar donde "bajar" de tanta cocaína y éxtasis ingerido durante la madrugada. Se estiraban los festejos, se tomaba agua, se comía algo para acercarse al descanso. Aquí, en la Argentina, y ahora, en 2009, esos mismos lugares sólo tienen el objetivo de vender alcohol y hacer "subir" a los que vienen dejando atrás la borrachera ritual de cualquier sábado o domingo (o lunes o viernes).
El desinterés de padres irresponsables o la inescrupulosidad voraz de los "dueños de la noche" no pueden ser la excusa para que el Estado no haga nada, sino la causa por la cual no debe demorarse ni un día más medidas duras, claras y definitivas. Cuando la culpa la tienen todos, no la tiene nadie. Cuando la responsabilidad es de todos, también es de nadie. El primero que debe actuar es el Estado y ya no como un mero escribiente, sino como un custodio obediente del único y verdadero bien escaso: la vida.