Con una vista privilegiada, fue uno de los pioneros en mudarse al barrio de Puerto Madero donde hoy viven unas 8.000 personas. Alberto Canessa reparte su vida entre Puerto Madero y el Atlántico.
Cuando el barco no está en la marina significa que emprendió alguno de sus viajes. El tiempo que está en tierra lo utiliza para descansar y planificar su próximo destino. Navegar y recorrer puertos del mundo es su única ocupación porque vive de rentas.
Y cuenta su historia: "Trabajé mucho, me casé dos veces y tuve hijos que ya están grandes y tienen su vida armada. Mi mujer falleció hace 12 años. Al quedarme solo no dudé: desarmé mi casa en San Isidro y me mudé al barco".
Su velero, su casa, El Maja, tiene 10,80 metros de eslora por unos 3,50 m de manga y paga por el alquiler unos $2 mil mensuales, lo que incluye agua, electricidad, servicio de lancha y el uso de los vestuarios, que es gratuito.
Sin contar a los extranjeros que viven en sus embarcaciones durante el tiempo que visitan la ciudad, Canessa es el único residente permanente y, por no ser bueno en la cocina, una de las salidas es ir a comer por el barrio.
Entre sus salidas más comunes junto a su barco-casa está el puerto de Colonia, en Uruguay, a donde arriba dependiendo de la velocidad del viento en 5 o 7 horas. Y cuando se trata de travesías más largas, la ruta favorita es el circuito del Atlántico, donde Canessa escapa del frío y parte a Brasil según informa el diario La Nación.
Cuando se le consulta si se mudaría a uno de los departamentos de lujo del barrio, asegura: "El solo hecho de pensarlo, me da claustrofobia. Para mí un departamento es como una catacumba. Vivir a bordo es un estilo de vida, y no lo cambio por nada".