El Mal de Chagas es una de las enfermedades más olvidadas del planeta, y, sin embargo, se cobra entre 20 y 40.000 vidas cada año. Es una afección endémica en las zonas rurales, las comunidades indígenas y los suburbios más pobres del continente americano, desde el sur de Estados Unidos a Tierra del Fuego. Según la Organización Mundial de la Salud, unos 13 millones de personas viven con la enfermedad. Se estima además que 100 millones más están en riesgo de contraerla, el 25% de la población de América Latina.
Médicos Sin Fronteras (MSF) trabaja desde 1999 en proyectos de prevención, diagnóstico y tratamiento del Chagas en la región centroamericana y, actualmente, en Bolivia, que presenta la mayor prevalencia de Latinoamérica. A fines de 2008, MSF había realizado pruebas diagnósticas de la enfermedad a 60.000 niños menores de 18 años, detectando a más de 3.000 infectados, 2.800 de los cuales han terminado con éxito el tratamiento.
El Chagas, o tripanosomiasis humana americana, se contagia a través de la picadura de la vinchuca, que transmite el parásito ?tripanosoma cruzi?. Otras vías comunes de infección son el contagio de madre a hijo durante el embarazo o por transfusiones de sangre infectada. Durante las primeras semanas después del contagio se produce la fase aguda de la enfermedad, aunque los síntomas (fiebre, escalofríos, dolor de cabeza o muscular, inapetencia) pueden confundirse con los de la gripe y a los pocos días desaparecen, lo que impide la posibilidad de una detección temprana y de un tratamiento eficaz.
Es entonces cuando comienza la fase crónica, y los afectados pueden ser portadores durante años, a veces sin saberlo. Al cabo de 10 o incluso 20 años, entre un 10 y un 40% de los infectados por el parásito sufrirán daños irreversibles en el corazón, el esófago y el colon, siendo el paro cardíaco la causa de muerte más frecuente. De hecho, por no poder acceder al diagnóstico, a menudo la muerte temprana es la que revela que el fallecido padecía el mal.
Durante décadas, el Chagas ha quedado excluido de las agendas de los sistemas públicos de salud, de la industria farmacéutica y de los medios de comunicación. Hasta el momento, no hay más que dos medicamentos disponibles contra esta enfermedad, Benznidazol y Nifurtimox, desarrollados hace casi cincuenta años. Además de presentar numerosos efectos secundarios, la rentabilidad económica de ambos fármacos es muy baja y su fabricación peligra.
En todo caso, es urgente empezar a contar con nuevos tratamientos que sean menos tóxicos, además de nuevos métodos para realizar pruebas diagnósticas rápidas. Los sistemas de salud deben enfocarse en la búsqueda activa de casos así como en garantizar el acceso al tratamiento, tanto para adultos como para niños.
La experiencia de MSF demuestra que el diagnóstico y tratamiento con éxito a nivel de la asistencia sanitaria primaria son posibles, siempre que se adopten nuevos planteamientos con voluntad y determinación. Entretanto, al tratarse de una enfermedad asociada a la pobreza extrema y a los contextos rurales, donde el acceso a la salud sigue siendo limitado, muchos morirán de Chagas sin saber que lo padecían. Y es que, tal y como asegura el escritor Eduardo Galeano, el Chagas ?no estalla como las bombas, ni suena como los tiros. Como el hambre mata callando, mata a los callados: a los que viven condenados al silencio y mueren condenados al olvido?.