Cumple 70 años el gran impulsor de tenistas

El rumano Ion Tiriac descubrió talentos deportivos, fue influyente en el mejor momento de Guillermo Vilas y su nombre es respetado en el ambiente tenístico

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Jamás descansó en el día de su cumpleaños, pero seguramente el rumano Ion Tiriac nunca estuvo tan nervioso como esta vez.

"No conozco sábados, domingos ni lunes. Sólo conozco trabajo", asegura el empresario más importante del tenis, que tampoco hoy, en su 70 aniversario, tiene el menor deseo de descansar.

El rumano, rebosante aún de energía, quizás se tome hoy un par de minutos para saborear un café y un croissant. Pero el tiempo apremia: al fin y al cabo, sólo un día después arranca uno de los momentos grandes de su laboriosa vida: el nuevo torneo de Madrid.

Por primera vez, la elite mundial del tenis masculino y femenino se enfrentará en el "Quinto Grand Slam", tal y como le gusta considerarlo al artífice del espectáculo sobre arcilla de Madrid.

El hombre del mejor Vilas
Tiriac cumple 70 años, pero el entrenador del mejor Guillermo Vilas, el empresario y estratega de marketing, el ex internacional rumano de hóckey sobre hielo y profesional del tenis, está tan lejos de la vida del pensionista como el torneo de Hamburgo de la categoría de Masters 1000.

El hecho de que Tiriac, que en los años 80 ganó dinero dirigiendo la carrera del alemán Boris Becker o con el torneo de Stuttgart, sea precisamente el hombre que sacó el tradicional torneo de Hamburgo del calendario de los Masters, enojó en grado sumo al tenis alemán.

"Él cree que con dinero se puede comprar todo", dice el presidente de la Federación Alemana de Tenis, Georg von Waldenfels, sobre Tiriac, quien en la época dorada del tenis germano convirtió más de una serie de Copa Davis en todo un evento de la alta sociedad.

Uno de los más ricos de Rumania
Ex número ocho del ránking mundial, Tiriac es hoy uno de los hombres más ricos de Rumania. Millones de euros se invirtieron para construir una nueva instalación en la capital española, la "Caja Mágica", con capacidad para 20.000 espectadores, techo corredizo y numerosas pistas laterales.

"Madrid es hoy en día lo que era Alemania en los años ochenta", aseguró Tiriac.

El hombre de la barba y las gafas oscuras, quizá demasiado grandes, sigue siendo lo que se denomina un empresario del tenis, quizá el más poderoso.

Irreverente y ambicioso, las tradiciones nunca fueron un obstáculo en sus deseos por crecer. Cuando en 2008 se agriaron las discusiones con la ATP por el "destierro" de Hamburgo, que perdió su categoría en favor de la nueva posición en el calendario de Madrid, Tiriac invitó durante Roland Garros a los periodistas alemanes a una "conversación de clarificación".

Con una taza de expreso y agua mineral, explicó en inglés ambiciones, objetivos y motivos. "El tenis es una industria. La gente puede hablar de tradición, pero hoy los tiempos han cambiado. En la antigüedad, Roma era la ciudad más importante del mundo y hoy ya no lo es", dijo.

Planteamientos similares fueron los que le granjearon enemigos y fama de bribón. Pero Tiriac, hijo de un empleado de correos en Brasov y que ganó su primer dinero como obrero auxiliar en una fábrica de camiones, cuenta con orgullo que con 15 años vendió en las calles de París cuerdas de raqueta de tenis elaboradas en su patria.

Su influencia
En donde había y en donde hay un negocio, allí está Tiriac. Como entrenador, condujo al argentino Vilas a su primer gran éxito, el título de Roland Garros en 1977.

"Necesitaba a un hombre que se preocupara no sólo del juego, sino de todos los detalles que rodean al jugador. Horarios, entrevistas, hoteles, viajes. Necesitaba un tipo con la experiencia de Tiriac", explicó entonces Vilas.

Pero quizá su gran acierto fue el día en que con su Rolls Royce enfiló la calle Nüsslocher de Leimen. En aquel entonces, en mayo de 1984, contrató a un muchacho de 15 años: Boris Becker.

"Hice de Boris uno de los deportistas más ricos del mundo", constató después del "divorcio". "Boris Becker tenía absoluta prioridad en mi vida, era más importante que mi familia", aseguró.

Hoy eso cambió. En una entrevista con la revista alemana Stern respondió la pregunta de qué es lo que aún anhela: "Quiero tener más tiempo para mis hijos Ion Alexandru, Karim Mihai e Ioana".

Aunque ni siquiera con 70 años parece que su vida le vaya a otorgar un minuto libre.