De una tendencia que se viene dando desde que dibujos como Dragon Ball Z y Sailor Moon se empezaraon a emitir en la Argentina y lograron que muchos jóvenes empezaran a interesarse por la cultura oriental, nacieron los otakus y las lolitas.
Los primeros se denominan como una comunidad y no ocultan su afición por la cultura nipona al punto que añaden un ?chan? al final de su nombre, cantan y usan palabras en japonés como "arigato" (gracias); son fanáticos del animé (dibujos animados japoneses), del manga (historietas japonesas), los video juegos y la tecnología y hasta se disfrazan de sus personajes favoritos.
Las lolitas nacieron de la moda japonesa, están en toda Latinoamérica y arrasan en ciudades como Nueva York, París y Londres. Ambas tribus confeccionan ellos mismos sus ropas o las compran a través de Internet.
"Los otakus y las lolitas son el efecto de un infantilismo de una nación traumatizada, nacido de la guerra y sustentado por una cultura consumidora", aseguró a Clarín Marcelo Urresti, sociólogo del Instituto Gino Germani.
Las nuevas tribus agrupan a cientos de jóvenes de entre 13 y 30 años y al igual que los emos y floggers eligen las inmediaciones del Palacio Pizzurno y la galería Bond Street como lugar de reunión.
A su vez, los sociólogos aseguran que las tribus tienden a reciclarse y que las lolitas y los otakus seguirán creciendo producto de la generalización del fanatismo hacia los videojuegos y el animé.