El tie break del primer set vino a ratificar todo eso que habitualmente se dice de David Nalbandian: que es un jugador copero por sobre todas las cosas y que siempre puede aparecer para dar un golpe de aire en la incertidumbre.
Naturalmente falto de ritmo en el marco de una temporada irregular para él, fue Igor Andreev quien marcó el tono de juego en el comienzo, pese a la paridad que mostró ese primer parcial.
Apenas hubo un break point ?a favor del ruso, en el cuarto game- pero la cosa se encaminó derecho hacia el tie break. Allí Andreev también pegó primero, con un mini break que le permitió ponerse 4-1 arriba.
Y entonces surgió la estirpe del cordobés para hilar dos quiebres que lo llevaron al 5-4, tras un error del juez que pudo haber cambiado la historia (el visitante se hubiera puesto 5-2 arriba). Al final fue 7-5, tras definir con una volea al centro de la cancha que hizo explotar a las casi 14 mil personas que se acercaron hasta el Margarita Terán de Weiss, más conocido como el estadio del Parque Roca.
Se esperaba más del ruso, que expuso lo mejor de su repertorio en los 64 minutos que duró la manga inicial: buen manejo de efectos, una muñeca exquisita (que le permite esconder peligrosamente sus golpes), iniciativa pero gran contraataque, pelotas pesadas a las líneas... Es un jugador interesante Andreev y Rusia puede pensar en él como un eventual sucesor de Marat Safin.
Pero hoy no supo, no pudo reponerse de un impacto inicial que no estaba en sus planes. Y particularmente de ese fallo del juez en un momento decisivo. Jamás volvió al partido y ese sacudón psicológico, agravado por las molestias del público (la historia de nunca acabar), fue bien capitalizado por David.
De hecho el segundo set fue trámite: 6-2 en 40 minutos. El argentino ya había logrado afinar la puntería y encontrar el timing que tantos dolores de cabeza le dio durante la temporada. Mostró fortaleza para atacar pero también para defender, como en el séptimo game (el más importante, dicen), cuando salvó dos puntos de quiebre. Fue el juego más largo del partido.
Al tercer set Nalbandian lo jugó con el envión adquirido y la tranquilidad de un margen de error importante. No se desesperó y logró el quiebre en el momento justo: nada menos que para cerrar el partido (6-4) en 2 horas y 26 minutos de juego.
Quedó un buen sabor para David, que llegó a esta serie con su invicto inalterable en condición de local pero al mismo tiempo con las dudas que generaban su físico, su falta de resultados y de confianza y esa sensación rara que se instaló cuando Alberto Mancini insinuó que no lo incluiría en el dobles del sábado.
Un triunfo más para el jugador de Copa Davis más importante en la historia argentina detrás de Guillermo Vilas. Ya son 26 sobre un total de 32 jugados. La serie está 1-0 y el sueño sigue intacto.