Practicar sexo con una mujer fatal electrónica o un robot semental superdotado a mediados de este siglo, y mantener con ellos una conversación poscoital, no es una idea tan descabellada como pudiera parecer, visto el imparable desarrollo de la inteligencia artificial.
Así lo cree David Levy, autor de Sexo con los Robots: la evolución de las relaciones Humanos-Robots. "Imagínenselo: sexo a voluntad, las 24 horas, los siete días" de la semana, exclama.
Todo el mundo no comparte esta visión de un futuro en el que los humanoides serían fuente de placer tórrido en la cama, y tras el acto sexual quien lo deseara podría recibir, como plus, conversaciones preprogramadas.
Muchos piensan, no obstante, que ello es factible, habida cuenta de los progresos realizados en la reproducción de los músculos y los movimientos de los humanos, o en inteligencia artificial, concretamente en la imitación de emociones y de aspectos de la personalidad.
En noviembre pasado, los investigadores de la Universidad de Waseda, en Japón, presentaron un robot que sabe cocinar y utilizar sus suaves manos bañadas en silicona para interactuar con los humanos.
Según Levy, el robot sexual Gigolo Joe, encarnado por Jude Law en el cine y habilitado para ofrecer conversación y ayuda emocional, además de placer sexual, bien podría convertirse en algo real en menos de cuarenta años.
Otros expertos son escépticos. "No creo que vayamos a tener robots parecidos a los humanos en ese lapso de tiempo", estima Frédéric Kaplan, investigador en la Escuela Poliécnica Federal de Lausana, en Suiza.
Kaplan, programador del cerebro del entrañable perro de Sony "Aibo", se pregunta si de verdad queremos robots a nuestra imagen y semejanza.
"Las interacciones entre máquinas y humanos serán interesantes en sí mismas, no en calidad de 'simulaciones' de relaciones humanas", dice.
David Levy, por el contrario, está convencido de que existe una demanda en este terreno.
Una compañía japonesa, Axis, ya fabricó lo que podría ser considerado como los primeros robots sexuales.
Se llaman Honeydolls y son muñecas de resina y silicona de tamaño real equipadas en cada seno con sensores conectados a un sonido. Si el usario pellizca sus pezones, Cindy emitirá gritos de placer y susurrará palabras acarameladas a su oído.
Las mujeres también se dejarán tentar por los robots sexuales, estima David Levy, quien hace hincapié en el aumento de las ventas de vibromasajes en el mundo entero y el fin de los tabúes.
Lo que para Levy representa a una vida sexual desenfrenada sin sentimientos de culpabilidad y libre del contagio de enfermedades constituye para otros una pesadilla desesperante.
"Me parece descabellado pensar que seres humanos se vayan a enamorar de robots", afirma la sexóloga estadounidense Yvonne K. Fulbright, aunque reconoce que los robots sexuales tienen cabida en el mercado.
"Hay un verdadero problema con los robots sexuales: las personas se sentirán fracasadas si es su única solución", adelanta.
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