Los hoteles de la ciudad, que ofrecen un total de 30.000 camas, estaban colmados desde el jueves, y los romeros buscaban alojamiento en localidades vecinas, dijo a la prensa Ernesto Elache, presidente del Sindicato de Hoteles, Bares y Restaurantes de Aparecida, a 170 km de Sao Paulo.
Decenas de miles de peregrinos, entre múltiples muestras de devoción -como llegar al santuario de rodillas para agradecer por una gracia concedida- participaron como todos los años de tres misas, una de ellas presidida por el arzobispo de la ciudad, Raimundo Damasceno.
Las carreteras de acceso a Aparecida se congestionaron en el largo fin de semana que comenzó ayer feriado en Brasil -para celebrar el día de su santa patrona- por el intenso tráfico de peregrinos que llegaron a la Basílica de la ciudad, declarada Santuario Nacional, para expresar su fe.
La procesión de ida y vuelta desde la Basílica hasta un cerro cercano portando la imagen de la Virgen negra de Aparecida, encabezada por Damasceno, congregó a miles de devotos en medio de cánticos, rezos y pedidos. La conmemoración finaliza con una quema de fuegos artificiales.
La policía vial brasileña redobló los cuidados en las rutas próximas a la ciudad, más que lo habitual, a la espera de mayor número de peregrinos que otros años después que el Santuario Nacional recibió en mayo pasado a Benedicto XVI que inauguró las sesiones de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam).
La ciudad de 35.000 habitantes vive por y para su santuario, que fue consagrado en 1980 por el papa Juan Pablo II.
La imagen de la Virgen de Aparecida fue encontrada por pescadores en el cercano río Paraiba en 1717, y la estatuilla de arcilla de 39 centímetros, que tomó un color oscuro por la oxidación de la estructura interna de hierro, se convirtió en símbolo de devoción nacional en Brasil.