Gordon Brown se convierte en Primer Ministro británico

El ex ministro de Finanzas prometió "un nuevo gobierno con nuevas prioridades", a su llegada a Downing Street después de ser nombrado por la reina Isabel II. Bush llamó para felicitarlo

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Gordon Brown fue nombrado oficialmente el miércoles primer ministro británico en sustitución de Tony Blair, tras entrevistarse con la reina Isabel II, y prometió un "nuevo gobierno con nuevas prioridades" en su primera declaración como gobernante.

Brown pasó 55 minutos en el palacio de Buckingham, donde la Reina le pidió ser su undécimo primer ministro en sustitución de Blair, que le presentó su dimisión minutos antes este miércoles por la tarde.

Blair dirigió el gobierno británico desde 1997, con Brown siempre como ministro de Finanzas.

A su llegada a la sede del primer ministro, en Downing Street, Brown, un escocés de 56 años, prometió "un nuevo gobierno con nuevas prioridades".

"Tengo el privilegio de tener una magnífica oportunidad para servir a mi país", añadió a los periodistas.

"Seré fuerte en mi empeño, firme, resuelto en acciones al servicio de las cuestiones que preocupan a los británicos", sentenció.

El presidente de los Estados Unidos, George Bush, llamó a Brown para felicitarlo y para dejarle en claro que la relación diplomática entre ambas naciones se mantendrá de la misma manera.

Antes, el vocero presidencial de Bush, Tony Snow, había declarado: "Tony Blair ha sido un amigo estrecho, un aliado, un socio y un asesor para el presidente".

"Sí, podemos decir que sí", respondió Snow a la prensa al ser interrogado si Bush tenía la intención de tender la mano a Brown como Blair lo había hecho con el presidente norteamericano.

El traspaso del poder
El ex líder del Partido Laborista "heredará" a Gordon Brown un país con casi todos los indicadores económicos favorables: el crecimiento más largo en 200 años de historia británica, un incremento de 1,8 porciento anual; una inflación promedio alrededor del 2,2 por ciento y una tasa de desempleo que rondó el 4,7% en 2007.

Asimismo, Blair -el premier más joven de Inglaterra, y el primero en obtener tres victorias laboristas consecutivas en el Parlamento- legará a su sucesor un fuerte consenso en torno a la idea de que la pacificación de Irlanda del Norte es uno de los grandes éxitos domésticos de su gestión.

Como arquitecto del "Nuevo Laborismo", Blair extirpó el pensamiento socialista del ideario de su partido, creando junto al ex canciller alemán Gerhard Schroeder las bases para una moderna política socialdemócrata en Europa.

En el plano exterior, Blair fue el primer ministro más intervencionista de la historia contemporánea al llevar al país a cuatro conflictos: en Sierra Leona, en Kosovo, en Irak y en Afganistán.

Es precisamente su política exterior la que ensombreció sus éxitos económicos, particularmente la guerra de Irak y las manipulaciones políticas y de inteligencia a las que debió acudir para legitimar la intervención armada, así como las torturas en la cárcel de Abu Ghraib y los casi 700.000 civiles iraquíes que han fallecido desde el 2003.

Blair se constituyó en el aliado más cercano del presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, y su lucha contra el "eje del mal", una decisión que le trajo un desplome en los altos índices de popularidad alcanzadas durante los primeros años de su gestión, tras alcanzar el poder en 1997, con sólo 43 años de edad.

Tras una década en el poder, "Tony Blair", vio descender su nivel de popularidad entre los británicos hasta el 40 por ciento, a pesar de lo cual, el aún premier no ha modificado su convicción de haber hecho "lo correcto".

De hecho, hasta la fecha Blair no lamentó esa trascendental decisión: "Hice lo que consideré correcto para nuestro país", dijo a mediados de mayo en un discurso en el que anunciaba su retirada definitiva y despejaba el camino a su eterno rival, Gordon Brown.

Asi, el paso de Blair por el poder, no dejó indiferente a nadie: la evaluación de su larga gestión abarca un amplio arco que va desde considerarlo culpable de crímenes contra la humanidad hasta erguirlo como el prototipo de líder pragmático en el mundo de la globalización que lucha contra el terrorismo.

Gordon Brown se encontrará, en consecuencia, con un panorama nada fácil: deberá consolidar el éxito macroeconómico de la gestión de Blair y tratar de revertir la pendiente en que se encuentra la popularidad del Partido Laborista, representando a su partido frente al dinámico líder de la oposición, David Cameron, en los duelos de palabra que se celebran el Parlamento.

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