Los más jóvenes seguramente conocerán el apellido Villeneuve gracias a Jacques, el piloto al que se vio en la Fórmula Uno hasta el año pasado y que fue campeón en 1997, a bordo de un Williams Renault y cuando no era mucho más que un novato.
Sin embargo, quienes porten algunos años más o hayan repasado con más atención la historia de la categoría más popular del automovilismo mundial encontrarán que su padre, Gilles, fue un rey sin corona cuyo destino estaría ligado a la fatalidad.
No fue campeón pese a que todo el ambiente de la F1 da por descontado que, de correr mejor fortuna, lo hubiese conseguido y habría quedado en la historia como uno de los pilotos más reconocidos de todos los tiempos.
Nació en Canadá el 18 de enero de 1950 y murió en el circuito de Bélgica el 8 de mayo de 1982, tras un trágico accidente del que hoy se cumplen 25 años.
Durante la tanda de clasificación, Gilles embistió desde atrás con su Ferrari al alemán Jochen Mass y la fuerza del impacto hizo que saliera despedido de su coche, para quedar tendido a metros de la pista y contra el alambrado perimetral. Lo sacaron con vida del circuito, pero no pudieron evitar su deceso en el Hospital.
Al igual que Ayrton Senna tiempo después, Villeneuve dejó su huella por ser un piloto talentoso que antes de su muerte en una pista sufrió más de un accidente y protagonizó varios duelos producto de su manejo valiente y al límite.
Uno de esos duelos, memorables por cierto, lo protagonizó ante el francés René Arnoux en el circuito de Dijons-Prenois (Gran Premio de Francia), en 1979.
Fue ídolo indiscutido de Ferrari y el circuito de Canadá lleva su nombre.