Boris Yeltsin, quien fue presidente de Rusia tras el tumultuoso colapso de la Unión Soviética y la guió hacia un sistema democrático y una economía de libre mercado, falleció, dijo el lunes un funcionario del Kremlin. Tenía 76 años.
El portavoz del Kremlin Alexander dijo a la AP que Yeltsin había fallecido, pero no divulgó la causa de muerte ni otros detalles. Según la agencia Interfax, citando una fuente médica anónima, la causa de muerte fue insuficiencia cardiaca.
Durante su presidencia en los años 90, Yeltsin sufrió repetidos problemas de salud. Yeltsin fue el arquitecto del colapso del régimen soviético y guió a Rusia hacia una economía de mercado y un sistema democrático.
Aunque en el exterior Yeltsin inicialmente fue admirado por su desafío al monolítico sistema soviético, hoy en día muchos rusos lo recuerdan como el responsable del declive de lo que fue otrora una superpotencia mundial.
Fue una figura llena de contradicciones, que ganó popularidad en la era comunista con promesas de acabar con la corrupción, pero mostrándose incapaz -o renuente- de evitar el saqueo de la industria estatal cuando pasó a manos privadas durante sus nueve años como el primer presidente electo de Rusia.
Yeltsin defendió vehementemente la libertad de prensa, pero fue un maestro de la manipulación. Acumuló un enorme poder durante su presidencia, y lo cedió todo dramáticamente en un discurso de fin de año en 1999. Los grandes momentos de Yeltsin se produjeron en oleadas.
Se paró encima de un tanque para resistir un intento de golpe de estado de militares conservadores en agosto de 1991, y encabezó el fin pacífico del estado soviético el 25 de diciembre ese año.
Enfermo del corazón y enfrentando una posible derrota ante un candidato comunista en las elecciones de 1996, reunió toda su energía y apretó el paso en las semanas finales de la campaña, pasando a ser de un débil, tembloroso convaleciente a un candidato danzante, para retener la presidencia.
Pero Yeltsin fue un reformista inconsistente que nunca tomó mucho interés en los asuntos mundanos del gobierno diario y siempre culpó a sus subordinados por la vasta gama de problemas en Rusia.
Yeltsin dañó sus credenciales democráticas al usar la fuerza para resolver disputas políticas, aunque siempre dijo que sus acciones fueron necesarias para mantener al país unido.
En octubre de 1993 envió soldados y tanques para sacar a partidarios armados de un parlamento ruso hostil, luego que éstos habían desatado violencia en las calles de Moscú.
Y en diciembre de 1994, Yeltsin lanzó una guerra contra rebeldes separatistas en la sureña república de Chechenia, un conflicto que sigue sin solución y que ha causado la muerte de decenas de miles de personas.
El ex mandatario soviético Mijaíl Gorbachov expresó hoy sus "profundas" condolencias a la familia de Boris Yeltsin y reconoció que "a sus espaldas quedaron grandes méritos ante el país y también graves errores".
Gorbachov añadió en su mensaje, difundido por la agencia Interfax, que Yeltsin "tuvo un destino trágico".
El padre de la "perestroika", iniciador de los primeros cambios liberales en la Unión Soviética, se refirió así tanto a las reformas democráticas y económicas puestas en marcha por Yeltsin como a su polémica decisión de disolver la URSS en diciembre de 1991.
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