Sin embargo, el sueño puede convertirse en una auténtica pesadilla cuando detrás de las vidrieras, que todo lo prometen, la sentencia de la vendedora suena demoledora: ?No tengo talle?.
El problema se complica cuando los talles mínimos, más que una tendencia de la moda, parecen convertirse en un factor indirecto de presión para acentuar la delgadez y todas, con más o menos constancia, nos sentimos ?obligadas? a entrar en el bendito talle Extra small.
¿Ahora qué pasa cuando definitivamente no entrás? Entonces la ropa y las mujeres reales parecen caminar por sendas diferentes. Como una señal de alerta, en los últimos tiempos avanzan las iniciativas destinadas a devolver a las mujeres su verdadera imagen corporal, cuestionan la delgadez extrema y tratan de reconciliarlas con sus curvas.
En ese sentido fue importante la decisión de los organizadores de la pasarela Cibeles, en España, que excluyeron del desfile a modelos cuyo índice de masa corporal fuera menor de 18 (lo normal es de 20 a 25).Algo parecido hizo el diseñador argentino Jorge Ibáñez, que pesó a las modelos argentinas para conocer su masa corporal y controlar si padecen problemas de salud.
Hace pocos años la campaña de jabón Dove ?Por la Belleza Real?, sorprendió positivamente a todas porque apeló a mujeres de distintas edades, rellenitas y con físicos llenos de curvas. El tema también llego a la Legislatura con la presentación del proyecto conocido como ?La ley del talle?, que regula la numeración y la descripción de las prendas de vestir en la Provincia de Buenos Aires.
No a los probadores
Recorriendo calles y hablando con las que quieren comprarse pantalones, comprobamos que el problema de los talles no sólo afecta a las mujeres obesas, porque las que tienen proporciones estándares ?ni excesivamente delgadas ni excedidas de peso? también encuentran dificultad a la hora de vestirse.
Después de los 30, conseguir variedad de medidas en ropa atractiva y con buen diseño puede ser todo un desafío en la Argentina y en las principales capitales del mundo, con excepción de los Estados Unidos, que, como buena meca del consumo siempre tiene variedad de todo, incluso de talles.
A cualquier edad, encontrar la ropa de calce perfecto implica una intensa actividad aeróbica: caminar, y mucho. María Paula tiene 33 años y mide 1,53; su peso está de acuerdo con su altura.
?Las remeras de talle único son un problema ?comenta?. Yo tengo mucho busto y conseguir una que me quede bien me cuesta. Con los jeans, lo mismo: el que te va bien de cintura es larguísimo; el más corto no me entra. Además, varían en una misma marca: tengo jeans Tucci, que son mis preferidos, talle 24 y talle 26. Y yo no cambié mi peso?, aclara.
?Tampoco veo mucho criterio con los talles de las polleras, que vienen marcadas 1, 2 y 3 ?observa Paula?. Entre el 1 y el 2 a veces casi no hay diferencia y el 3 es enorme, no hay relación?.
Para Karina, de 41 años, con 1,64 de altura y sobrepeso, salir de compras es agotador. ?Conseguir ropa linda si tenés sobrepeso es muy difícil, a menos que ya tengas identificados dos o tres lugares. Eso de salir a mirar vidrieras y probarte lo que te gusta, no existe?.
Con angustia y hasta cierta vergüenza confiesa: ?Si vas a comprar pantalones, te encontrás con pocos colores y con un modelo fatal, que es el pantalón con cintura elastizada o medio elastizada: te entra, por supuesto, pero es feísimo. Y para arriba se supone que, como tenés sobrepeso, lo único que podés ponerte son camisolas enormes, pasadas de moda y con cero diseño?, agrega.
Karina confiesa que le encanta la ropa y que le gustaría vestirse de otra manera, pero para ella la realidad es otra: ?La verdad es que es bárbaro ponerte ropa linda y verte bien, sea cual sea tu peso. Pero si no hay variedad de talles o diseños bien pensados, no se puede lograr?.
Diseño para todos
Atentos a los reclamos de las consumidoras, entre los diseñadores comenzó a ganar terreno la opción de crear propuestas de indumentaria que combinen estilo y creatividad ampliando la oferta.
Uno de los promotores es Álvaro Pérez Esquivel, creador de las marcas Desiderata y Portsaid, que cuenta con una curva de talles muy amplia que incluye cinco y hasta seis por prenda.
?Nuestro criterio es no poner límites al deseo de las mujeres de verse y sentirse bien ?apunta?. Nuestras marcas no están tan regidas por lo fashion, sino que apelan al interior de las personas?.
María José Barthalot, dueña de la marca Estancias Chiripá, piensa que ?es positiva la idea de que haya talles para todas las mujeres, y nosotros la compartimos confeccionando ropa para todos los cuerpos?. Su marca apunta a consumidoras de 30 años, en promedio, y tienen todas las medidas, desde el 38 hasta el 50.
Sandra Cesilini y Tamara Lalli cumplieron con la buena regla de los negocios que aconseja convertir los obstáculos en oportunidades. ?A las dos nos gusta la ropa de diseño, atractiva y tenemos talles grandes; no encontrábamos ropa y empezamos a sufrir en carne propia esta dificultad?, dice Sandra.
La solución consistió en crear Muxer, una etiqueta de ropa de calidad y buen corte en talles del 46 al 60.?Hicimos un estudio de mercado y empezamos a diseñar ropa para mujeres de 30 a 50, pero descubrimos que teníamos también clientas mucho más jóvenes, de 18 a 20, y fue una sorpresa. Así supimos que para ellas es muy difícil conseguir ropa. Muchas tienen que usar ropa de varón, se sienten excluidas y la humillación es muy fuerte?, reconoce.
Sandra señala que la ley del talle le parece positiva pero difícil de controlar. ?Está bien como debate, pero no sé si es el mejor camino. Lo que serviría es que las mujeres se transformen en las que hacen cumplir la ley, como sucedió con la ley antitabaco?.
Finalmente, María Gómez Centurión avanza con una propuesta osada ?para talles reales?: lencería de cuero. Su marca, Clivia, ofrece prendas que van desde el XS hasta el XL. Para María: ?Una mujer delgada y joven puede ser sensual y otra que no lo es también; tiene que ver con la actitud?.