Si bien algunas personas tratan de prevenirse de los robos contando con equipos con frente desmontable o colocando una superficie que disimule el receptor, estas medidas a veces no son suficientes.
Los delincuentes corren cualquier tipo de riesgo con tal de alzarse con el botín. Gran indignación se siente en esos momentos cuando uno llega a su vehículo y encuentra el cristal roto o bien la puerta desplazada de su lugar.
¿Qué hacen los ladrones con los equipos? Es simple, los llevan a la calle Libertad, zona que se transformó en un clásico, donde se pueden comercializar productos robados.
Un ladrón de estéreos, como máximo, recibe entre 50 a 100 pesos en la calle Libertad por un equipo con frente fijo y un poco más de dinero por los que vienen con frentes desmontables.
A lo largo de esa calle, se pueden ver a los chicos cuando llegan con las manos ensangrentadas porque recién acaban de romper un cristal, sostienen vecinos y comerciantes de otras ramas.
Pero grande es la cifra que hacen luego los locales que compran estos productos robados, cuando los venden. Aunque ellos lo llaman "material usado". En el caso de los estéreos desmontable se comercializan entre 400 y 500 pesos, depende el modelo.
El problema acá es la gente que sabe que compra algo robado y fomenta la delincuencia. Un damnificado, que sufrió por tercera vez el robo de su pasacasetes, fue muy claro: "Me lo podrán robar 100 veces pero jamás voy a comprar un estéreo en la calle Libertad".
La pregunta es simple: ¿Si cualquier persona puede ir a la calle Libertad a conseguir un estéreo robado, no podrían la Policía o las autoridades correspondientes ir a la calle Libertad?