La película que popularizó el concepto fue efectivamente "Snuff", que fue filmada en Argentina en 1971 por el matrimonio estadounidense de apellido Findlay, y recreó las matanzas del clan del asesino serial Charles Manson. Ese género abarca a las grabaciones de asesinatos "supuestamente" reales, con la finalidad de registrar estas atrocidades para luego distribuirlas comercialmente como mero entretenimiento.
Según el libro "Matar por cultura" (Killing for culture) de David Kerekes y David Slater, el término "película snuff" se acuñó en ese año, cuando el autor Ed Sanders escribió "La Familia", un libro sobre el asesino serial Charles Manson y su grupo familiar que sirvió de base para Findlay. La película que popularizó el concepto fue efectivamente "Snuff", que inglés coloquial quiere decir "estirar la pata".
A la par de la primera filmación en Argentina, los Rolling Stones editaban una película de su tour "Gimme Shelter" (1970), en la que un fan se asestaba una puñalada al final del concierto. Esa escena es congelada y vuelta a reproducir.
Dado el bajo presupuesto de los productores, los Findlay filmaron en Tigre, provincia de Buenos Aires, un argumento modesto y recurrieron a actores locales desconocidos.
Lo cierto es que el film ?ya adquirido por el productor Allan Shackleton- fue estrenado después de cinco años en Nueva York y debió ser lanzado en código entre los fanáticos porque supuestamente presentaba como verosímil la muerte de una de las actrices. Los publicitarios apelaron a un slogan amarillista en la caja del video, que hablaba de los orígenes de la película: "En Sudamérica... ¡donde la vida es BARATA!"
Rápidamente se levantaron quejas de feministas y críticos de la pantalla grande, quienes se horrorizaban con los asesinatos "reales" y ante una modalidad que parecía extenderse en países como la Argentina y Brasil.
Ocurre que Shakleton le había agregado una escena final en la que se ve cómo el supuesto director, una vez terminada la filmación, intenta tener sexo con la sonidista. Al ver que la cámara sigue encendida, ésta lo rechaza. Entonces el director comienza a golpearla, le abre la panza y le saca las tripas. Segundos después la pantalla se va a negros, mientras se escucha: "¿Alcanzaste a grabar todo?", a lo que otra voz responde: "Sí, lo tengo. Vámonos de aquí?. Al final, no aparece ningún crédito, lo que refuerza la idea de que lo que se está viendo es verídico.
El escándalo fue de tal magnitud, que la policía inició una investigación para averiguar qué es lo que verdaderamente ocurrió con la muerte de la mujer. Bajo presión de la Justicia, el productor tuvo que aceptar que todo había sido un montaje y que no se había lastimado a nadie en la filmación. Sin embargo, el matrimonio Findlay y Shakleton habían plantado la semilla de un género que aún perdura en el cine hollywoodense y mundial.
El antecedente en The New York Times
La película que se filmó en la Argentina fue mencionada hoy en una nota de The New York Times sobre la aparición de un nuevo film del género, denominado "Puente", donde el cronista recuerda el caso del primer film.
El boom del género es un documental que muestra varias personas que se suicidan desde el Golden Gate. Sin saberlo, son protagonistas de "El Puente" (The Bridge, de Eric Steel), el último filme "casi" snuff en el mercado.
El realizador de la película El Puente estuvo desde el 1° de enero hasta el 31 de diciembre viendo qué ocurría en el Golden Gate. Puso cámaras y lentes por todas partes y se pueden ver las muertes voluntarias de varias personas, que el director mecha en la cinta con testimonios de amigos o familiares de los muertos -que tardan cuatro segundos en caer 250 pies-.
"Es increíblemente difícil ver a alguien morir", dijo Steel en una entrevista que reproduce el matutino de Nueva York. Pero advierte que su filme está para alertar sobre el suicidio y su prevención: "Es un modo de ponerte de testigo sobre algo que es realmente un problema terrible", afirmó.
La lista de filmes snuff es interminable, y la polémica no cesa pues el poder perverso de lo que se muesta confronta al espectador con su propia calidad de voyeur. Son grandes tabúes entre la valoración de la vida humana y lo morboso.
El director Steel contó que llamó a las autoridades cada vez que veía a una persona acercarse al puente, y como resultado salvó seis vidas que, de no haber avisado, se habrían perdido en el abismo. Mientras, la clave del asunto yace nada menos que en el slogan de la película Snuff (Argentina, 1971): entonces sólo en Sudamérica la vida parecía "barata".