La bajas tasas de interés internacionales, los grandes déficit coyunturales en las economías más grandes del mundo y los crecientes incrementos del costo de vida frente a un dólar que se debilita, renovaron la fiebre del oro, un activo al que los inversores toman como refugio ante esta clase de vaivenes de los mercados y cuya demanda lo ubica en su valor más alto del último cuarto de siglo.
La semana pasada la onza troy -equivalente a 31,10 gramos- alcanzó en el mercado de Londres el precio de 600 dólares, el valor más alto de los últimos 25 años, impulsado por una fuerte demanda de parte de fondos de inversión.
De hecho, durante la operatoria de la semana, la cotización arrancó a 592 dólares y llegó a tocar los 601,90 dólares, su mayor precio desde enero de 1981. Durante 2005 la suba del precio había sido de 20 por ciento y en los últimos cinco años casi duplicó su valor.
Los operadores e inversores consultados por Télam reconocen que este aumento se debe a la debilidad del dólar y al incremento de los precios del petróleo.
El barril de crudo cerró la última semana en Nueva York a 68 dólares, su precio más alto en los dos últimos meses, debido al temor de los operadores a que falte petróleo cuando llegue el pico de consumo durante el verano boreal.
"Aunque las condiciones están dadas para que siga subiendo, en el mercado se espera algún tipo de corrección de corto plazo; pero, mientras el déficit comercial de Estados Unidos, debido al enorme gasto público destinado a mantener tropas en Irak, siga en la mente de los inversores, esto se va a demorar", afirmó Carlos Lizer, de la bursátil Puente Hermanos.
En ese sentido, las señales de incertidumbre son claras y se reflejan en una demanda importante en éste y otros de los llamados ?activos refugio".
Así puede encontrarse también un renovado interés por las obras de arte -pinturas y esculturas- y por los bienes raíces.
Para Lizer, "el exceso de liquidez en el mercado, ante la falta de opciones atractivas de inversión, lleva a que se invierta en este tipo de activos, como el caso del 'boom' inmobiliario en Estados Unidos".
En ese sentido, la política exterior de Estados Unidos ha contribuido mucho al alto precio del oro, así como el miedo a la inflación motivado por el crecimiento del precio de la energía, lo que preocupa a los autoridades norteamericanas.
"Eso reflaja claramente la alta incertidumbre de los mercados y la preocupación en un escenario donde suben el precio del petróleo y las tasas de interés, y sigue latente el conflicto entre Estados Unidos e Irak", sostuvo el director de Argentine Research, Rafael Ber.
Ante una extensión de la guerra en Irak y la posibiliad de un desposicionamiento de Estados Unidos ante el mundo, es lógico pensar que los inversores se cubran con "activos duros", tales como el oro, las obras de arte, las propiedades inmobiliarias y joyas.
El resto de los metales corrió igual suerte en los últimos días, ya que el cobre para entrega dentro de tres meses se cotizó en la bolsa de futuros de Londres a un máximo de 5.620 dólares la tonelada, un nivel récord, y en los tres últimos años triplicó su valor.
Gabriel Sillitti, analista de Capital Markets, pronosticó "un escenario a la baja, siempre que se detengan los atentados y se vuelquen los inversores a los activos financieros", tras lo cual sostuvo que "el mercado cambiario también hará lo suyo en este tema".
En tanto, los inversores de la eurozona tuvieron una motivación añadida en su acercamiento al oro, pues con la compra de ese metal se beneficiaron, además de por su elevada cotización en el mercado, por la relación monetaria en entre el dólar y el euro.
Más aún, la actual dinámica del precio del oro dependió en buena medida del euro y el dólar en el mercado de divisas: si el euro subía, aumentaba el precio del oro, y viceversa.
Es por ello que todos los ojos volvieron a posarse en las decisiones de la economía estadounidense.
Tanto es así, que el Gold Anti-Trust Action Committee (GATA) había presentado tiempo atrás pruebas, que databan desde la década de los 90, de que algunos bancos centrales, actuando a través de ciertos bancos de inversión, habían manipulado clandestinamente el precio del oro para mantenerlo bajo.
Según el GATA, la motivación para que el sector oficial mantuviera el precio del oro bajo era que un aumento de éste se convertiría en un aviso de alarma sobre la inflación en Estados Unidos, ya que este commodity es considerado históricamente como un seguro contra la pérdida de poder adquisitivo.
Además, se convertiría -como lo hizo- en una clara señal de la debilidad y la pérdida de valor del dólar en el mercado internacional.
Por otro lado, esto permitía mantener los tipos de interés artificialmente bajos, cosa que la Reserva Federal debió subsanar con constantes ajustes en su tasa de referencia.
Sin embargo, aunque no pudo ser probada la manipulación del oro por parte de los policy makers -hacedores de política-, las consecuencias en las economías mundiales parecen responder a las presunciones anticipadas por el GATA.