, una mexicana de 48 años que practicó la lucha libre, podría convertirse en la mayor asesina en serie de México, según los primeros informes de la fiscalía de Ciudad de México.
Juana Barraza Samperio, a quien sobre el ring se le conocía como
, es investigada por medio centenar de misteriosas muertes ocurridas en la capital mexicana en los últimos meses.
A Barraza, capturada ayer in fraganti después de cometer su último asesinato, el cual confesó, se le atribuyen al menos 10 homicidios de ancianas de un total de 47 crímenes con similares características que traían de cabeza a las autoridades de la ciudad.
La acumulación de casos sin solución hizo que las autoridades y los medios comenzaran a hablar de
, que se pensó era hombre.
La detenida guarda indudables semejanzas con el retrato hablado elaborado con base a testimonios de familiares de las víctimas y con un modelo tridimensional hecho en plastilina.
Además, sus huellas dactilares corresponden a las encontradas en los cuerpos y en las escenas de 10 de los crímenes, según las autoridades.
Barraza, quien dice ser madre soltera de dos niñas y un niño, asegura haber sido violada por su padrastro durante su niñez y ser originaria de Pachucha (Hidalgo, centro).
El secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, Joel Ortega, asegura que Barraza era vendedora de palomitas de maíz y hasta hace unos años promotora y peleadora ocasional de lucha libre, aunque ella misma afirma que se dedica a lavar y a vender ropa.
Esta mujer de complexión robusta se ganaba la confianza de las ancianas haciéndose pasar por enfermera o funcionaria pública para acceder a las viviendas de las víctimas, que la invitaban a pasar y a quienes luego asfixiaba.
La especialista en psicología forense de la Universidad Iberoamericana, Isabel Bueno, dijo que Barraza no es el típico asesino serial anglosajón que se caracteriza por ser metódico y por observar con celo los detalles "ya que suele dejar el lugar del crimen revuelto y desordenado".
Señaló que es clara su personalidad "sociopática" porque desde el momento de su detención mostró frialdad y carencia absoluta de remordimiento y de ética.
Barraza, quien siempre vestía de rojo cuando cometía sus asesinatos, dijo a la prensa local mientras la subían a una patrulla que hay "varios que nos dedicamos a la extorsión y a matar gente también", y agregó: "¿Y por qué no están sobre ellos?".
Según Bueno, probablemente Barraza creía que, como "Dios no se estaba llevando a estas pobres viejitas que sufrían mucho, ella les hizo el favor de matarlas" pues no se trató de robos, asesinatos pasionales o venganzas.
Señaló que algunos de los crímenes no corresponden al "modus operandi" de Barraza. Por eso cree que podría haber otro asesino serial de ancianas, que pudiera ser un hombre "que tuvo alguna relación conflictiva en su infancia en la que fue objeto de burla por ser hombre y de humillaciones vestido como mujer".
En esos casos las víctimas fueron "asesinadas siempre con una media, el escenario no se altera y se deja a la víctima sentada o acomodada con un cojín en la espalda, como recreando una escenografía", comenta.
De esta hipótesis difiere otro experto en psicología criminal consultado por EFE, Lucio Cárdenas, de la Universidad Autónoma de México (UNAM), quien sostiene que algunos crímenes podrían atribuirse a delincuentes que van a robar y matan cuando las víctimas oponen resistencia.
Según Cárdenas, Barraza tuvo aparentemente una vida muy difícil, "con una problemática social, familiar y económica muy característica de este tipo de homicidas".
Autoridades mexicanas presentaron ayer a un presunto asesino serial y secuestrador conocido como
, que fue detenido el pasado día 23 y al que se le relaciona con la comisión de seis secuestros y cuatro asesinatos.
Raúl Osiel Marroquín, de 25 años, quien fue detenido y presentado hoy por la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), es el segundo presunto asesino serial capturado en los últimos cuatro días en la capital mexicana.
Marroquín está acusado de secuestrar hombres jóvenes que contactaba en cafés y centros nocturnos, principalmente en la Zona Rosa de Ciudad de México, por cuya libertad exigía entre 15.000 y 120.000 pesos (entre 1.132 y entre 11.320 dólares), informó la Procuraduría General de la República (Fiscalía) en un comunicado.
Marroquín es el presunto responsable del homicidio de cuatro personas a quienes quitó la vida con el apoyo de un cómplice, identificado como Juan Enrique Madrid Manuel, aún libre.
El cautiverio de las víctimas duraba entre cinco y siete días en el departamento de Marroquín donde los secuestrados eran torturados y finalmente ahorcados con una soga hasta su muerte.
Posteriormente,
introducía los cuerpos, a los que le colocaba una tira de tela roja en el cuello, dentro de maletas negras que abandonaba en la vía pública.
A una de sus víctimas le arrancó la piel de la frente con una navaja y le dejó grabada en la carne la figura de una estrella.
En los interrogatorios, el detenido reconoció haber privado de la vida a cuatro hombres de entre 20 y 32 años, que fueron asesinados en el transcurso del último trimestre de 2005.
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