El preso que boxea profesionalmente

Héctor Sotelo combatirá en la Federación de Box esta noche ante Miguel Aguirre. Al lugar de la pelea llegará custodiado por integrantes del Servicio Penitenciario, quienes luego lo acompañarán en su regreso. Actualmente está detenido en la Unidad 23, en Florencio Varela

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Héctor Ricardo Sotelo es una muestra de que la ficción a veces supera a la realidad: boxeador profesional y lejos de los sueños de la pantalla grande, es uno más entre los internos de la Unidad 23, en Florencio Varela.

Sotelo no goza de salidas transitorias y entrena en el mismo penal al que llegó en septiembre del año pasado, luego de ser detenido por ser el presunto conductor de un automóvil robado.

De su celda podrá salir esta noche para combatir ?tras una autorización del Tribunal en lo Criminal Nro. 5 de La Plata- en la Federación Argentina de Box, donde a las 22.30 enfrentará profesionalmente a Miguel Angel ?Tommy? Aguirre. Allí, al momento del combate, estará acompañado por su propia hinchada y un puñado de agentes del Servicio Federal, quienes luego lo acompañarán en su regreso madrugador a la cárcel.

Todavía procesado, desconoce cuál será la fecha en la que podrá salir en libertad defnitivamente.

Sin embargo, disfruta todavía de un currículo que dice que fue campeón argentino y participó en los recordados Juegos Panamericanos de Mar del Plata, en 1995.

Y goza, además, de visitas de ilustres boxeadores, como Jorge ?Locomotora? Castro ?de quien fue sparring-, Marcelo Domínguez y Raúl ?Pepe? Balbi, cuenta el diario La Nación.

?Al boxeo lo llevo en la sangre?, dijo al momento de recordar a su fallecido padre, quien practicaba el mismo deporte. A los 18 había comenzado a entrenar mientras algunos de sus amigos del barrio humilde de Florencio Varela en el que vivía se dedicaban a robar.

Gracias al boxeo viajó por varios países pero los viajes lo cansaron. Fue entonces que se convirtió en profesional, comenzó a entrenar con Amílcar Brusa y fue campeón argentino en 2000.

En el 2003 ya estaba sumido en la cocaína y la marihuana, aunque dice que no se hizo adicto. Entonces ocurrió aquello del camión, de lo que prefiere no hablar.

Ahora que se levanta todos los días a las 6.30 para entrenar, limpiar la escuela del penal y estudiar (ya recibió una medalla por el mejor promedio) sueña con su regreso de esta noche a su celda, con los brazos en alto y recibiendo la aclamación de sus compañeros de hoy.

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