La Copa Petrobras que se disputa en Buenos Aires, en la que se pueden apreciar varios valores y promesas del tenis argentino, tiene como figura destacable la presencia de un particular personaje que brilla no por su juego, sino por sus actitudes, en su mayoría reprochadas y criticadas por los presentes en el Vilas Club.
Se trata del austríaco Daniel Koellerer, quien tiene 22 años y fue eliminado en cuartos de final. Ya de entrada comenzó a ofender al público local y a sus rivales. Porque en el partido en el que eliminó a Juan Martín del Potro, sin dudas la máxima aparición del tenis nacional en este año, el europeo se puso a todos en contra por hacer una seña simulando una jeringa en su brazo y hacer referencia a los numerosos casos de doping de argentinos.
Pero eso no fue una actitud aislada. Cuando terminó el partido con el tandilense, enojado por los silbidos del público durante todo el encuentro, se le ocurrió irse caminando solo hasta el hotel, a dos kilómetros de distancia.
Y a pesar de las recomendaciones de no marcharse de esa manera, para evitar cualquier tipo de peligro y problemas, se mantuvo terco en su decisión y hasta echó a los dos custodios que le ofrecieron para su seguridad.
Koellerer se ganó el repudio no sólo de la gente, sino también de los organizadores. Fue Martín Jaite, director del torneo, el que afirmó que "nunca en mi vida había visto a un jugador tan desubicado como Koellerer".
Además, lo comparó con otros personajes acostumbrados a llamar la atención por cuestiones extradeportivas. "Una cosa es ver a un loco lindo, que vi muchos. Pero este es otra cosa. No es una buena imagen para el tenis", sentenció Jaite.
Y como la frutilla del postre, hasta los ballboys del certamen se quejaron del tenista, por los malos tratos que el jugador tiene con ellos. La jefa de los alcanzapelotas, Natalia Carabelli, debió presentar una carta a la organización a pedido de varios chicos que no querían presentarse en el próximo encuentro de Koellerer.
En la carta se lo acusa al tenista de maltrato con varios de los jóvenes. En un fragmento de la carta se lee la palabra de uno de los ballboys, Guido Delbo, de sólo 12 años: "Koellerer se acercó a darme la toalla y yo tenía las pelotitas en la mano. Cuando me di vuelta para dejar la toalla él me tocó con su raqueta y me gritó para que le entregara la toalla rápidamente".