El Baradei, militante por la paz y la verdad científica

El diplomático egipcio conduce el Organismo Internacional de Energía Atómica desde 1997. Este año recibirá el Premio Nobel de la Paz

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Mohamed El Baradei, ganador del Premio Nobel de la Paz 2005 junto con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) que dirige, es un jurista con amplia carrera diplomática dentro de las Naciones Unidas y en el Ministerio de Asuntos Exteriores de su país natal, Egipto.

Nacido en 1942 , se incorporó en 1964 a la función pública. Entonces trabajó en las misiones permanentes de Egipto ante la ONU, tanto en Nueva York como en Ginebra, encargado de asuntos políticos, legales y de control de armas.

En 1984 ingresa en la OIEA, donde asumió la dirección general en diciembre de 1997, cuando sucedió al sueco Hans Blix, del que fue su segundo, y su buen trabajo lo llevó a la reelección en septiembre de 2001, casi a la par de los atentados terroristas en Nueva York.

"Yo lo conozco mucho, justamente en el proyecto Mururoa", menciona el ingeniero Abel González a Infobae.com. "El empezó en el organismo como funcionario. Su primera función fue ser representante en Nueva York, para facilitar la relación con las Naciones Unidas. Porque si el Organismo detecta en algún país algo raro, lo tiene que reportar al Consejo de Seguridad", detalla.

"El director del Organismo en ese momento era Hans Blix, y él llevó a Viena a El Baradei, como director del Departamento Legales. Después él pasó a ser director de lo que nosotros llamamos Relaciones Exteriores, que es equivalente a un ministro de Relaciones Exteriores, el que se encarga del diálogo con los demás países".

Hace tres años El Baradei se convirtió en un personaje público a nivel internacional debido a las inspecciones del organismo en Irak, previas a la invasión anglo-estadounidense de marzo de 2003.

"Cuando Hans Blix se retira, él toma la posición de director general. A partir de allí, comienza el conflicto de Irak, y él tiene una participación muy activa y honesta, en una situación muy difícil, porque usted se imagina las presiones que tenía", señala González.

"Había miles de soldados preparados para entrar en Irak, y querían que alguien dijera: ?Sí, hay armas de destrucción masiva?", afirma el ingeniero argentino, quien destaca que "él siempre se mantuvo en la verdad técnica".

"A veces muchos creen que la diferencia entre Irán e Irak son dos letras del alfabeto, pero las diferencias son muy profundas. Irak no era un país muy desarrollado. Fue un país de tribus distintas, puestas artificalmente juntas por los ingleses. Era bien sabido por nosotros que allí no había armas nucleares. Pero la presión era muy grande y El Baradei creo que tuvo una actitud muy digna y el Organismo se mantuvo firme pese a todas las presiones. Y el tiempo nos dio la razón", concluye González.

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