La ciencia volvió a derrumbar un mito. En esta ocasión comprobó que la popular ?rebeldía adolescente? que transforma a los púberes en seres alienados de cualquier afecto no es más que un cambio en la función cerebral durante el proceso de crecimiento de todo ser humano.
Los jóvenes de entre 12 y 16 años no se transforman en uranios antiautoridad por voluntad propia sino por un cambio biológico que tiene que ver con el desarrollo de las emociones, en particular la rabia y la tristeza, que se produce a esa edad.
La novedad fue presentada durante la última conferencia de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia que se realizó en Dublín, Irlanda, como resultado de una investigación llevada a cabo en la Universidad College de Londres y el Instituto de Salud Infantil.
Los investigadores descubrieron que las angustias, disputas con la autoridad y otros comportamientos sintetizados en el concepto ?rebeldía adolescente?, se desvanecen con el tiempo porque se trata de un cambio biológico que pasa con los años.
En ese sentido, el profesor David Skuse, integrante del grupo de investigación, explicó que ?la habilidad de los jóvenes para decodificar las reglas sociales y reconocer las emociones, particularmente la rabia y la tristeza, se desarrolla entre los 12 y los 14 años?.
"Ésta es una función cerebral que se desarrolla en ese momento. Es un fenómeno con base biológica del que, afortunadamente los jóvenes se recuperan", aseguró.
Entonces más que adolescentes rebeldes que son deliberadamente obstinados o difíciles, sus cerebros pueden tener la imposibilidad de detectar signos sutiles de padres, maestros y otros adultos o de decodificarlos correctamente.
?Los mismos circuitos cerebrales implicados en el reconocimiento de expresiones faciales se asocian también a la decodificación de tonos de voz. La habilidad para interpretar un tono de voz irritado o una expresión facial de enojo pueden deteriorarse durante ese período de adolescencia temprana", aclaró Skuse.
La investigación, que se llevó a cabo con el estudio de seis mil adolescentes, también reveló que el problema comienza a desaparecer a partir de los 17 años y pareciera afectar más a los hombres que a las mujeres.