(EFE) - Más de 6.000 policías vigilan calles, estaciones de metro, autobuses y trenes en Londres, una ciudad en alerta al cumplirse hoy cuatro semanas de los atentados del 7-J y dos del 21-J, ambos perpetrados en jueves.
La capital británica parece hoy una auténtica fortaleza por la fuerte presencia policial, pensada para dar tranquilidad a la población y evitar otro posible atentado terrorista.
La Policía de Transporte Británica (BTP) ha cancelado todos los permisos de los policías y ha pedido la colaboración de otras fuerzas del orden para reforzar la seguridad en Londres, considerada una de las más importantes desde la II Guerra Mundial (1939-45).
En la red de transporte, especialmente en lugares estratégicos de la ciudad, se pueden ver agentes con metralletas MP5 y pistolas Glock 17, mientras que hay una fuerte presencia de la unidad armada SO19 de Scotland Yard, formada por 500 hombres.
Además, hay policías vestidos de paisano en autobuses urbanos y trenes del metro de la capital.
El detective jefe del BTP, Andy Trotter, dijo hoy a la BBC que la policía utiliza "todos los recursos con los que cuenta para dar tranquilidad a los londinenses e impedir otro ataque".
Sobre el tiempo que esta seguridad puede durar, Trotter insistió en que se trata de la "mayor amenaza que Londres ha tenido que afrontar en tiempos de paz. Vamos a continuar todo el tiempo que sea necesario", si bien reconoció que la operación policial es "extremadamente costosa".
Todas las estaciones del metro de Londres funcionan hoy con normalidad, cuatro semanas después de los ataques del 7 de julio contra la red de transporte, en los que 56 personas murieron, cuatro de ellos los supuestos terroristas suicidas.
La línea Piccadilly, algunos de cuyos tramos quedaron suspendidos tras el ataque del 7-J, volvió hoy a funcionar como antes.
"El retorno de la línea Piccadilly es un gran paso mientras el metro y Londres vuelven a la normalidad", subrayó hoy el director gerente del London Underground (LU, metro), Tim O'Toole.
Cuatro bombas estallaron el 7-J, tres de ellas en trenes del metro -Edwgare Road, Algate y King's Cross- y una en un autobús de la línea 30 en la plaza Tavistock, cerca del Museo Británico.
En los atentados del 21 de julio, contra las estaciones de metro de Sheperd's Bush, Warren Street y Oval y un autobús de la línea 26 en Hackney, en el este de Londres, no hubo víctimas porque sólo estallaron los detonadores y no las bombas.
Con la vuelta a la normalidad de las estaciones del metro, la única línea que aún no funciona es la Circle, aunque por todas sus estaciones pasan otras líneas que los pasajeros pueden utilizar.
En la estación de Russell Square, que abrió también hoy, los letreros electrónicos de información desplegaron el mensaje "en recuerdo del 7 de julio de 2005".
El peor de los atentados del 7-J fue precisamente en el tramo entre King's Cross y Russell Square, donde 26 personas murieron.
"Estoy satisfecho de ver la apertura de Russell Square y ver que Londres vuelve a la normalidad", dijo Andy Trotter.
Desde los ataques del 7-J, el número de pasajeros que utilizan el metro ha descendido entre un cinco y un quince por ciento a diario y un treinta por ciento los fines de semana.
Fuentes policiales admitieron hoy que llevará un tiempo hasta que la gente vuelva a utilizar el metro como antes.
"Obviamente fue una conmoción para los londinenses y en todo el mundo. Tenemos que hacer lo posible para decirle a la gente que la red (de transporte) es segura", dijo hoy un portavoz de la Policía.