El "reggaetón", género musical de alto voltaje sexual, es en realidad un arma revolucionaria de origen puertorriqueño y no solo una excusa para bailar. Así lo asegura Vico C, considerado en Puerto Rico el "padre" y "el filósofo" del "reggaeton", aunque él rechaza esos títulos.
Nacido en Nueva York y criado en un "barrio caliente" de San Juan (Puerta Tierra), Luis Armando Lozada Cruz, más conocido como Vico C, se considera "un revolucionario".
"Y como todo gran revolucionario hago el gran sacrificio de no trabajar para la moda, sino para el mensaje", aseguró a EFE.
Lo cierto es que el "reggaetón" habla, sobretodo, de sexo, con unas letras explícitas o de metáforas muy visuales: "Me compré un carrito y a vender hot dog, que es lo que quieren todas. Bien duro mi hot dog, por la boca mi hot dog", canta, por ejemplo, Rankin Stone.
Y también hablan de violencia en los "caseríos" o áreas residenciales humildes, las guerras por los "puntos" de droga, el respeto por los códigos de conducta del lumpen y la crítica social, siempre añadiendo a las bases insistentes o "riddims", ritmos afrocaribeños.
Ya a mediados de los 80, Vico C grababa casettes "rap" en español en Puerto Rico Y en 2003 consiguió un Grammy al mejor álbum de Música Urbana por su disco de reggaeton "En honor a la verdad".
Con su música, Vico C pretende "cambiar los pensamientos incorrectos en los hogares y en los legisladores, y acabar con la hipocresía, las negligencias de los padres con los hijos y recuperar los valores de amor, paz y progreso".
Porque para Lozada Cruz, este tipo de música no es sólo una excusa para bailar "perreo", término que popularmente se utiliza en referencia a la similitud del cortejo entre canes con el ortodoxo estilo de bailar reggaeton.
Según "el filósofo" del reggaetón, este género nació cuando al "rap" de Estados Unidos se le añadieron bases aceleradas de "reggae" jamaicano y luego en Panamá se le incorporaron líricas en español.
Pero asegura que fue en Puerto Rico donde esta música se convirtió en un fenómeno social y en un "arma revolucionaria",donde su ritmo hace temblar todos los coches, donde las madres ponen a sus hijos nombres de estrellas del género y de donde salen la mayoría de sus intérpretes.
A principios de los noventa, cuando aún era un género "underground", el "reggaetón" llegó al Senado puertorriqueño en forma de propuesta que no prosperó para controlar el alto contenido sexual de los videos musicales de estos artistas.
La semana pasada, el Coliseo de Puerto Rico se convirtió en una gran discoteca a la que acudieron 7.000 personas a bailar en un maratón de "reggaetón" y una emisora de radio anunció que comenzaría a retransmitir esta música las 24 horas del día.
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