?Nunca viví algo tan grave como lo de `Halcones y Palomas´?

Lo dijo Alejandro Giuntini, integrante de aquel Boca de Tabárez, famoso por la feroz interna entre sus jugadores más importantes

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Alejandro Giuntini fue integrante de aquel Boca, que en 1992 le dio un título al club luego de 11 años. Pero al marplatense le quedó marcada tanto la vuelta olímpica, como la interna insostenible que se vivía en aquel plantel liderado por Navarro Montoya y el ?beto? Márcico.

?Aquel Boca podría haber ganado todo. Para mí fue el mejor equipo que me tocó integrar y creo que era un equipo que podría haber ganado lo que se propusiera. El Boca de Tabárez fue el mejor de todos. Pero los intereses personales de cada uno de nosotros, sin excepción, llevó a que terminara como terminó. Siendo un equipo que no le faltaba nada: calidad, técnica... Nada que esté relacionado con el fútbol le faltaba a ese equipo. Y le sobraba entrega. Pero nos derrotamos nosotros mismos. Fuimos nuestros peores enemigos. No tuvimos la capacidad de juntar a las dos partes pero hicimos el intento. Muchas veces nos juntamos... Nos pasó acá en Mar del Plata durante una pretemporada en el Iruña, en el mes de enero. Un día nos juntamos todos en el último piso del hotel con todos los problemas que veníamos arrastrando y nos dijimos "nos estamos matando solos". Pero la reunión empezó así y terminó como el grupo venía padeciendo la situación: con los mismos distanciamientos. Tal es así que uno de los jugadores de Boca en aquel momento, puso en duda la capitanía que era del Mono y me la ofreció a mí.

Se notó en la entrevista al diario La Capital de Mar del Plata que Giuntini recordó la situación, casi con pena. Por el potencial que tenía ese equipo, y porque más allá de ganar el título no le dio al club de la ribera todo el potencial. También por como se tuvo que ir el Maestro Tabárez, a quien lo define como ?una persona muy recta?.

?Yo nunca viví situación tan grave en cuanto a intereses como ésa, que indudablemente repercutió en lo deportivo. Era demasiado extrema la situación. Demasiado. Se vivieron cosas realmente desagradables en ese contexto. Yo nunca tuve grandes relaciones con los entrenadores, siempre traté de manejarme con cierta distancia con los técnicos. Pero debido a mi situación y lo que iba sucediendo por ahí fue con el entrenador que más afinidad tuve. Y no me olvido más el día que me dijo que se iba, creo que fue en febrero o en marzo... Veníamos de salir campeones después de once años, teníamos un plantel enorme y él era quien de alguna manera estaba sosteniendo esa situación. Me dijo que "me voy porque esto explota o les tengo que cortar la cabeza a muchos jugadores", con lo que significaba eso en un equipo en donde éramos todos caciques y ningún indio. La opinión de cada uno de los jugadores era importantísima. No era como en el resto de los equipos que formé en donde había tres o cuatro referentes y los demás apoyaban o no. Acá eran 20 ó 25 opiniones de tipos que tenían mucho peso.

- ¿En ese sentido fue un alivio salir de Boca?

- No porque yo viví todo ese proceso y cuando me fui de Boca la situación ya estaba superada porque se había ido un alto porcentaje de aquellos referentes. Fue durísimo y el tiempo se hacía eterno. A mí me quedó la tranquilidad de haber hecho el intento por acercar posiciones. En un momento les decía salgamos afuera, nos sacamos una foto todos abrazados porque todos los medios esperaban la salida del entrenamiento para hablar sobre el tema. Yo les decía: "Salgamos, nos aguantamos estar todos juntos para hacer un par de fotos, decimos que está todo bien y después seguimos intentando solucionar las cosas internamente". Pero no teníamos ni esa viveza.

- Sucede que había contactos entre prensa y jugadores que hacían inevitable que se filtraran los problemas de ustedes.

- Se filtraba todo y fue una lástima porque era un plantel impresionante. Pasé por otro gran equipo como el Vélez de Fillol, Funes, Gareca, pero este Boca daba para todo. Y nos matamos nosotros mismos por intereses personales. Intervino mucho la barra en la situación, porque cuando se va el Maestro llega Habeger y su medida para acabar con el conflicto es echarlo a Blas (Giunta) y la cosa ahí se convulsionó aún más. En vez de bajar los decibeles se metió la barra brava, que fue la única vez que se metió en una situación y fue bravísimo. Y eso generó mayor diferencia porque la barra fue a buscar al resto de los jugadores como si nosotros hubiésemos sido culpables de la ida de Blas cuando fue una decisión del técnico. Entonces se agravó la crisis.