El éxito del canje le cambió la cara a la Casa de Gobierno

El clima en el Salón Blanco al anunciarse la adhesión a la oferta fue muy distinto a otros actos. Kirchner estaba eufórico, sentimiento que se trasladó al resto del gabinete

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La satisfacción fue tan notoria que Kirchner se prestó gentilmente a los micrófonos y hasta se permitió hacer bromas.

"Es un pasazo", definió el jefe del Estado el éxito del canje, al tiempo que -fiel a su estilo- le quitó trascendencia al encuentro que el ministro de Economía mantendrá la semana próxima con el titular del FMI, Rodrigo de Rato: "Es tomar café", dijo.

El auditorio, en tanto, siguió atentamente cada palabra de los mensajes de Lavagna, que fue muy técnico y del presidente que eligió un tono casi coloquial.

Kirchner fue interrumpido cinco veces con aplausos, en especial cuando pasó revista a las críticas que su gobierno recibió por la forma de encarar el canje de la deuda y leyó prolijamente declaraciones en tal sentido que hicieron distintos economistas y comunicadores.

En la primera fila de asientos, y junto a la senadora Cristina Fernández, se ubicó el ex presidente Raúl Alfonsín, para quien Kirchner tuvo especiales palabras de agradecimiento por sus gestiones para que el Congreso aprobara varias leyes necesarias para el gobierno.

Detrás de Alfonsín y de la primera dama, se sentaron dos de los conductores de la CGT, Hugo Moyano y José Luis Lingeri.

El camionero recibió más tarde una fuerte reprimenda presidencial porque su gremio -casi a la misma hora en que se realizaba el acto en el Salón Blanco- era principal protagonista de un conflicto con los supermercados Coto.

Precisamente, Alfredo Coto, estaba sentado en otra parte del Salón, a pocos metros de Moyano.

Cuando ya había empezado el acto y Lavagna había comenzado su mensaje, ingresó el gobernador bonaerense, Felipe Solá, que estaba demorado. Sigilosamente se ubicó en la silla vacía en el sector de los mandatarios provinciales, al lado de su colega de Córdoba, José Manuel De la Sota.