(EFE)- El fabricante japonés Mitsubishi Motors anunció hoy el lanzamiento de un plan multimillonario destinado a reflotar esta empresa, sumida desde hace varios años en un grave escándalo de ocultamiento de defectos de fabricación.
El plan establece la inyección de cerca de 270.000 millones de yenes (en torno a los 2.571 millones de dólares) de otras compañías del grupo Mitsubishi para cubrir las deudas adquiridas por la firma en los últimos años y establecer un proceso de revitalización que impida el colapso total de la empresa.
La salvación de la empresa, antaño abanderada de la fabricación de automóviles, vendrá de firmas como Mitsubishi Heavy Industries, Mitsubishi Corp. y el banco Tokyo-Mitsubishi, que adquirirán acciones nuevas para reforzar el capital de la empresa en crisis y aspirar así a la toma de beneficios en el año fiscal 2006.
Además, Mitsubishi Motors se asegurará otros 270.000 millones de yenes en nuevos créditos.
Otro dato importante destacado hoy por la empresa es el nombre del directivo encargado de reflotarla: se trata del presidente de Mitsubishi Heavy, Takashi Noshioka, quien actuará además como responsable de la firma ahora bajo mínimos.
Este pasado sábado, un diario económico indicó la inminente dimisión del todavía presidente de Mitsubishi Motors, Yoichiro Okazaki, su vicepresidente, Koji Furukawa, y el director general ejecutivo, Hideyasu Tagaya.
Horas después, la propia empresa desmentía tal paso, pero el anuncio de hoy de que Noshioka estará al frente del relanzamiento de Mitsubishi deja a Okazaki en una difícil situación y sin control real de gestión.
En 2004 se agudizó la crisis de Mitsubishi Motor, de la que en 2000 se descubrió que llevaba un doble sistema de archivos de quejas de clientes, uno para el Ministerio de Transportes y otro que se guardó en secreto en archivos de la firma.
Esa imagen negativa por la ocultación de errores de fabricación se agravó el año pasado cuando su afiliada Mitsubishi Fuso reconoció que también encubrió defectos de fabricación, entre ellos los que causaron al menos dos accidentes mortales de tráfico.
Esta semana, Mitsubishi Fuso presentó al Ministerio de Transporte un informe en el que reconocía que solo reparaba defectos de manufactura a "clientes importantes", para reducir el número de vehículos llamados a revisión.
Sólo en 2004, esa empresa abanderada de la fabricación de camiones, tuvo que retirar del mercado nipón 200.000 vehículos para hacer frente a los numerosos problemas técnicos que presentaban.
Los defectos encubiertos obligaron a reparar 468.000 camiones, uno de los cuales causó la muerte de una mujer y heridas a sus dos hijos en 2002, al desprenderse una rueda en plena marcha.
El escándalo de la ocultación de los defectos de fabricación provocó una grave escisión de Mitsubishi Motors con su socio DaimlerChrysler, que bajó al 19,97 por ciento su participación después de haber tenido un 37 por ciento en la empresa nipona.
La empresa alemana se negó a realizar más inversiones en Mitsubishi Motors, lo que agravó la situación de esta firma.
La ocultación sistemática de las reparaciones efectuadas en miles de vehículos comenzó en 1969, cuando el Ministerio de Transportes japonés puso en marcha un sistema de control de calidad en el sector.
Mitsubishi Motors ya recibió 496.000 millones de yenes ($4.820 millones de dólares) en mayo del año pasado de otras empresas del grupo Mitsubishi.
Pero esa inyección de capital apenas servía para cubrir la mitad de las deudas, cifradas en 11.060 millones de dólares en noviembre pasado.
Para el año fiscal 2004, que termina el próximo 31 de marzo en Japón, Mitsubishi Motors espera unas pérdidas de 472.000 millones de yenes (4.495 millones de dólares), casi el doble que las vaticinadas de 240.000 millones de yenes (2.285 millones de dólares).
En el comunicado de hoy, Mitsubishi Motors también admitió que su producción de automóviles en 2004 fue de 1.337.000 vehículos, en lugar de los 1.400.000 que había anticipado en noviembre pasado