Llegan las fiestas franeleras: sin sexo y en pijama

Las "cuddle partys" son furor en los Estados Unidos: un montón de extraños se juntan para toquetearse, jugar y apilarse como cuando eran niños. La fiesta del abrazo, sin besos, cuesta 30 dólares

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¿Qué le parecería si alguien le propusiera ir a una fiesta, vestido con un pijama, para abalanzarse sobre un sillón mientras un puñado de extraños lo abrazan y tocan?

No es un sueño bizarro: se trata de la nueva moda que se impone en los Estados Unidos, y se las conoce como cuddle partys o fiestas del franeleo.

No hay alcohol, ni drogas ni DJ frenético que explore las nuevas tendencias del dance. Las cuddle partys prohíben los besos y por supuesto, las relaciones íntimas.

La nueva tendencia proviene de Estados Unidos, donde una pareja decidió inventar encuentros para adultos donde lo principal es tocarse con extraños.

?Se trata de un espacio libre, no sexual, para explorar el tacto, el afecto y elegir?, definen Reid Mihalko y Marcia Baczynski, la pareja que puso en práctica las fiestas de la franela.

Del mismo modo que con otras fiestas o encuentros privados, las cuddle partys tienen un reglamento estricto, que los participantes deben cumplir a rajatabla.
Por ejemplo, los encuentros no permiten los besos ni el sexo.

¿Cómo es una fiesta franelera?

La gente acude en pijamas y es recibida por el Cuddle lifeguarda, algo así como el guardavidas de la franela, un coach u organizador que vigila y colabora en las fiestas.

Allí, el novato franelero deberá pagar 30 dólares que le permitirán, por tres horas y media aproximadamente, bailar, hablar, tocar y refregarse contra cualquiera de sus compañeros.

Las fiestas son abiertas a hombres, mujeres, parejas, siempre adultos. No es obligación, tampoco, lanzarse a abrazar a cualquiera, uno puede ser un simple espectador.

La fiesta comienza con la gente en pijamas, con música y bebidas, pero no alcohólica. Los encuentros se producen: allí se abrazan, se aprietan, saltan y juegan como niños, haciendo pilas humanas, aplastándose y riendo.

Los creadores explican que se trata de recrear el vínculo y la atmósfera de la niñez, cuando el roce es sin índole sexual y más bien por una cuestión emocional y de afecto.

En estas fiestas no se está obligado a abrazar: se puede asistir como un simple espectador, pero deberá lidiar con los demás cuando intenten toquetearlo.

La tendencia aún no ha llegado a la Argentina, pero en breve podría arribar; eso sí, los costos deberían ajustarse al bolsillo del argentino franelero.

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