Sexo con ternura

El tener sexo no debe ser sólo un instinto ni un impulso, también debe ser hecho con ternura

En nuestra sociedad el sexo parece ser más un impulso inspirado en el grito de los genitales, que una música salida de la imaginación. Y luego, claro está, sobreviene la vergüenza y la contrición.

Lo cierto es que la sexualidad humana no es sólo instinto, sino por encima de todo, un saber, un acto de cultura que se aprende y perfecciona como se aprende a elaborar platos de cocina.

¿Cómo se aprende, en nuestra sociedad, que el sexo es también cosa de ternura y que existen infinitas topografías del amor? ¿En qué escuela se nos instruye sobre las potencialidades del orgasmo o sobre la colocación de un preservativo vaginal? ¿Qué padre, madre, catedrático o religioso hablará con naturalidad y competencia de estos temas, tan esenciales para la maduración de la persona? Y por consecuencia, ¿qué diremos a nuestros hijos acerca de los peligros de la sexualidad, si ni siquiera reconocemos sus bendiciones?

En la sociedad en la que vivimos, a la proverbial ignorancia respecto a los placeres del estómago, y al horror que nos producen los del intelecto, se suma nuestra ineptitud frente a los de la cama, tabú supremo y demoledor. Y todo ello, reconozcámoslo, por falta de ternura.

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